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LA ORTOGRAFÍA EN UN TRABAJO LITERARIO

El sábado 2 abril, 2016 a las 10:46 am

Bulevar de los días - Leopoldo de Quevedo y Monroy

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano

Ángel Gavinet

Acaba de vencerse el plazo de presentación de cuentos en el Concurso Literario Internacional «Ángel Ganivet». Me llamó la atención que entre las exigencias de forma aparezca en el literal d. que será descalificado el trabajo que se presente con errores de ortografía.

Exigencias formales:

a. La obra tendrá una extensión máxima de 10 páginas.
b. No se aceptará un conjunto de cuentos breves.
c. Las páginas estarán debidamente numeradas. Sin faltas de ortografía.
d. El incumplimiento de estas reglas implicará la automática descalificación.

Raramente vez he visto esta condición tan obvia en la presentación de unos trabajos literarios. Se supone que quien escribe por oficio debe tener cuidado extremo en redactar con sujeción a las reglas del idioma. El poeta José Zuleta me comentó alguna vez, extrañado, que alguien que escribe poesía en un correo le había escrito una palabra en castellano con un error en su grafía. No ama el idioma, me dijo, quien escribe mal una palabra que usa en su léxico cuando se comunica con otra persona.

Creo que no es una exageración hoy día exigir cumplir las reglas de ortografía en una comunicación pública, como es la Internet. Los periódicos, revistas y las editoriales dedicadas a la publicación de novelas, cuentos, poemas tienen siempre en su nómina a un corrector de pruebas por si algún gazapo se cuela por respeto al idioma.

Escribir implica hacerlo bien. Atender no solo al sentido, a la construcción, a la sintaxis, a no caer en cacofonías, a no usar muletillas, a cuidarse de usar demasiados adjetivos y a evitar los lugares comunes, sino también a cuidar la ortografía, como el uso de una sencilla y necesaria tilde.

Desde los primeros años, casi con el tetero, decían los antiguos maestros, se debía aprender la ortografía. Y siempre tuve unos profesores que surcaron las líneas de los cuadernos con palabras perfectamente bien escritas. No me acuerdo de ninguno que me hubiera dado mal ejemplo. Desde esa época tengo siempre a mi lado un buen diccionario. Casi soy un cuestor o sensor de esos que estaban con el ojo avizor de que nada malo ocurriera en un escrito. Sufro de erroritis ortográfica y me enferma ver mal trajeada una palabra.

Ojalá todos los concursos siguieran esta sabia exigencia que hace honor al Concurso que lleva el nombre del escritor Ganivet, de la Generación del 98, que dijo que la crisis española tenía por causa el problema colectivo llamado abulia. * En verdad, no procurar someterse a escribir con ortografía es un síntoma de falta de temple y de voluntad para hacer bien las cosas.

https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%81ngel_Ganivet

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