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LA OLA PRIVATIZADORA

El martes 24 mayo, 2016 a las 10:19 am

Omar Orlando Tovar Troches

Por: Omar Orlando Tovar Troches –ottroz69@gmail.com-

Parafraseando a Saramago; en Colombia pareciera que nos hemos acostumbrado a pasar por encima de los muertos*. Los males; pequeños, grandes o catastróficos de los demás, a muchas personas no les importa; solo  reparan en la dificultad, grande o pequeña, cuando les toca, cuando les afecta, cuando se sienten directamente lesionadas, creen a pie juntillas que lo demás de los demás; es lo demás.

Diera la impresión que esa deshumanización de nuestra cotidianidad, quedó plasmada sin rodeos, cuando en la Constitución Política de 1991, legitimamos el afán de “vender” todo lo que pertenezca al Estado, que entre otras cosas somos todos y todas, con el pretexto de que lo público es ineficiente, caro, corrupto, en resumidas cuentas; malo. Se nos ha venido vendiendo la idea de necesitar un Estado mínimo, que se encargue únicamente de gerenciar la guerra y de salvar los emprendimientos privados de sus errores, con la plata del pueblo (FOGAFIN, FOSYGA, Etc.), es decir; un Estado que promueva la acumulación capitalista privada para las mismas élites de siempre y la socialización de sus pérdidas, esas sí; entre todas y todos.

Hace 25 años; el casi imberbe expresidente César Gaviria, junto con su pre-púber gabinete ministerial, nos pegaba el primer revolcón del futuro, afirmando que lo que necesitaba Colombia era la apertura hacia un mundo globalizado y que lo de nosotros era competir. Inmediatamente se soltaron los Jinetes del Apocalipsis de la entrega de lo Estatal. Primero las empresas de servicios públicos en la Costa Caribe, por ineficientes y corruptas, la búsqueda de “socios estratégicos”, para ECOPETROL, TELECOM y otras más, la “democratización accionaria” de la Salud; vía LEY 100 y el tránsito hacia la “Auto sostenibilidad” de toda la Educación Pública y entre tanto; allí estaban agachaditos, calladitos y andando; los tratados de libre comercio (T.L.C.´S) para poner la cereza al coctel de nuestra triste cotidianidad.

LA OLA PRIVATIZADORA

Todos y cada uno de los días, desde ese entonces, oímos, leemos o vemos las noticias del desastre de la ola privatizadora. Las buenas gentes de la Costa Atlántica ya no resisten la ineficiencia, el ataque alevoso contra sus bolsillos; por parte de las “muy eficientes y nada corruptas”, empresas privadas de servicios públicos. A lo largo y ancho de los territorios en donde la privatización echó mano de los bienes públicos, se oye el clamor de la gente que ya le dedica gran parte de sus exiguas entradas económicas; al pago de las facturas de estos servicios, que ya de públicos; no tienen sino el nombre.

Sin embargo, al resto de la población esto no parece importarle, aún andan deslumbrados por la teoría de reingeniería del Estado, de la Teoría Z de lo público, todavía creen en la necesidad de un Estado mínimo que sólo se dedique a manejar las relaciones con  otros países y que imponga  mano, bolillo y tanqueta fuertes en contra de los desadaptados que creen que hay que defender los bienes de los colombianos.

Siguen creyendo estos hipnotizados paisanos, que lo privado es transparente y eficiente, que lo de Electricaribe, lo del túnel de la línea, lo de Glencor, la cartelización del azúcar, del cemento, del papel y las toallas higiénicas así como  un largo etcétera de casos de corrupción privada es mentira, que esas; si son alucinaciones de la horda castro-chavista que vive resentida por estar reportada en Data crédito, por no tener como sacar fiados ni carro ni apartamentos o por no poder sacar aunque sea una tarjetica de crédito para pagar los vuelos a Miami, Cartagena o aunque sea los servicios públicos, tal como estos nobles colombianos acostumbran hacerlo.

Seguimos caminando sobre el lamento de millones y millones de Colombianos, que viven hipotecados al libre mercado de lo que antes era de todos y ahora es de unos pocos, volteamos a mirar a otra parte cuando oímos hablar de la restructuración de alguna de las pocas empresas que todavía nos pertenecen, nos hacemos los locos, cuando  con tiempo, alguno de estos sospechosos dirigentes políticos, enquistados por nosotros mismos en los gobiernos locales, regionales y el nacional, nos dicen una vez más; que lo mejor es vender o hacer alianzas con los privados para acabar con la politiquería que promueven estos mismos personajes; al interior de esas ya muy pocas empresas,  patrimonio de todos los colombianos.

Adendas: 1- En Santander de Quilichao se oyen rumores de restructuración y de reingeniería en EMQUILICHAO, de “concesiones” para el Matadero Municipal, el Terminal de Transportes y La Galería (plaza de mercado). 2- ¿Y de la Escritura Pública con CEDELCA y la reclamación de la C.E.O…qué? Después no digan que no les avisamos. Ver caso de la ETB en Bogotá.

*Ensayo sobre la ceguera, novela de José Saramago, 1995.

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