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La Nortecaucanidad

El lunes 9 diciembre, 2019 a las 10:16 am
½ EN SERIO: LA LUKA
Por Julio César Espinosa*

El artículo de José Ramón Burgos Mosquera sobre la nortecaucanidad, en la última edición de PROCLAMA, confirma una sospecha de vieja data: nuestro país es una descosida colcha de retazos donde cada fragmento enarbola pálidas banderas identitarias para sentirse diferente, segregado, distinto y con privilegios que cree merecer.

Cada etnia, es decir, cada retazo se coloca al lado opuesto de la “cultura blanca” o “cultura mestiza”. Ninguno de estos pedazos se siente colombiano. Reclaman autonomía, trato diferente, representación digna, presupuestos exclusivos, y una larga lista de privilegios que no disfrutan los demás colombianos. La disculpa, el pretexto, la justificación de estos retazos para sus exigencias radica en un rencor colectivo y ancestral que puede expresarse más o menos así: “el blanco nos debe”. Entiéndase por “blanco” el gobierno, el estado, el otro, el forastero, y en general el de piel o costumbres distintas.

“….al norte del Cauca y en especial al negro se le debe dar una representación digna.”, exige Burgos en su artículo. Parcelando una vez más nuestro suelo en diminutos territorios donde viven personas distintas, a los cuales el articulista denomina “negros”, el ilustre médico pierde de vista el sentido de patria y aún más, el de nación, y hace del color de la piel el único argumento para reivindicar a un pueblo noble y generoso al cual es mejor reconocerlo como afrodescendiente, término este pleno de sentido y que da cuenta de una cultura milenaria que fue arrancada a la fuerza de su entorno natural más allá de los mares.

Cuando los pedazos del país –las etnias o comunidades indígenas, sociedades afro, grupos LGTBY, mujeres, niños, todos tradicionalmente golpeados—reclaman privilegios a título de indemnización por lesiones históricas, pese a que se les reconoce como víctimas de exclusivismos patrocinados por una supremacía hidalga, europea y judeocristiana, no se contribuye a la formación de nación si el Estado accede a otorgar resguardos, autonomías, exenciones, inmunidades y prerrogativas en desmedro de los demás habitantes de la nación.

Este fenómeno podríamos denominarlo la balcanización de Colombia, que no es más que una futura fragmentación del suelo patrio, fragmentación fundada en los odios raciales, religiosos, sociales, intelectuales, etc.

“Solo queda por preguntar: ¿Con qué moral podrán solicitar mañana el respaldo del norte quienes hoy, cuando por primera vez un profesional negro podría ser electo Gobernador en 200 años de historia local, se oponen con el concepto de que no podría gobernar con independencia?”, interroga el articulista.

“Un profesional negro”: vuelve Burgos a machacar, ponderando que la importancia del entonces candidato –hoy gobernador electo del Cauca–, se ubica en el color de su piel. Creo que ni el mismo Elías aceptaría esta catilinaria insulsa, no solo porque suena insano enarbolar el color de la piel para valorar una persona, sino porque nuestro flamante y querido gobernador electo, hoy está obligado por ley a gobernar para todos, y no solo para la comunidad afrodescendiente.

Es la primera vez que Jose Ramón Burgos Mosquera defrauda con sus palabras a sus propios lectores. El brillante seso que dio a luz “La diputada francesa”, novela con la cual ganó el concurso literario Jorge Isaacs año 2.019, esta vez tropezó para caer en el abismo de las diferencias raciales, las cuales hoy constituyen categorías ridículas, obsoletas y despreciables, sobre todo desde cuando un dictador atroz como Hitler, justificó con esas banderas los crímenes más abominables de la historia humana.

*Miembro de la Asociación Caucana de Escritores A.C.E.

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