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LA NOCHE DE LAS VELITAS

El lunes 8 diciembre, 2014 a las 10:09 am
Álvaro Jesús Urbano Rojas web

Por Álvaro Jesús Urbano Rojas.

Popayán abrió las fiestas decembrinas alumbrando sus calles centenarias con serpentinas de espermas y faroles encendidos, el 7 de diciembre, víspera de la fiesta de la Inmaculada Concepción, bajo el influjo de balcones coloniales, con luminarias de fuego sobre senderos nocturnales, andenes, zaguanes y portones, haciendo alarde de las tradiciones navideñas de nuestra bella ciudad.

La noche de las velitas, como otros hitos importantes del calendario religioso y civil, subyace en las raíces paganas de la fiesta del fuego, un ritual de los aldeanos escandinavos quienes encendían velones y fogatas como conjuro a la oscuridad, al iniciar el invierno. El paganismo, cuya etimología proviene del latín “pagus”, en español “campo” hace referencia a un sentimiento religioso arraigado en la convicción integral de la unidad de la familia campesina, como simbiosis sagrada con la naturaleza, las estrellas, la luna y el sol.

Desde que el Concilio de Nicea en el año 325 D.C., cuando se proclamó a María como la Madre de Dios, los creyentes expresaron su alegría iluminando la noche, desde entonces la Iglesia  reconoce en el fuego la victoria sobre las fuerzas de la oscuridad. La noche de las velitas como fiesta Católica, celebra la Vigilia de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. En Popayán, el día de las velitas se celebra desde el 7 de diciembre de 1856, después de fuera proclamado como dogma por el Papa Pío IX en la bula Ineffabilis Deus, el 8 de diciembre de 1854.

La noche de las velitas

El uso de pólvora, tiene origen en las tradicionales de la España antigua. La pirotecnia es protagonista en las fiestas populares de muchos pueblos de la costa catalana, valenciana, murciana y balear, dado su poder exorcizante; tiene su origen en la antigua creencia que si es de luces, el futuro será de una claridad prolongada; si es detonante, la tradición indica que los estallidos espantan a los espíritus malignos, igual que las campanas y la música, cuando la pólvora es encendida a destiempo, la gente se quema y su uso provoca mutilaciones y accidentes catastróficos.

La veneración a la Virgen María tiene doble connotación: política respecto a la evangelización para el dominio gubernativo de los pueblos paganos y religiosa, como unidad del pueblo de Dios. La palabra “religión” viene de religare que quiere decir: “volver a unir”.

Los romanos asociaron a NIMROD con el dios Sol y a SEMIRAMIS como la diosa de la madre tierra y a su hijo TAMUZ como su redentor. Tamuz, nace el 25 de diciembre del año 305 A.C., el día más corto del año en el hemisferio norte. Los sacerdotes proclaman  ese día como el cumpleaños del Sol, enarbolando en hojas perennes, una especie de árbol de la navidad, símbolo de la vida en medio de la muerte del invierno.

En el año 609 D.C., el emperador Constantino, proclama al Cristianismo religión oficial de Roma y en su afán evangelizador para  lograr el apoyo de sus mayorías, toma los nombres más relevantes de la Cristiandad para desmitificar ídolos como Nimrod, Tamuz y Semiramis, a cuyas efigies se les rendía culto en Roma, a esas estatuas les da la connotación de ser: SAN JOSÉ, EL NIÑO JESÚS y VÍRGEN MARÍA. Desde entonces la Navidad se conmemora como si fuera el nacimiento de Jesús, pero, en realidad, es el nacimiento TAMUZ, niño dios pagano. En el Imperio romano, las celebraciones de Saturno se hacían en el solsticio de invierno, el acontecimiento social principal, tenía a su apogeo el 25 de diciembre, con fiesta, banquetes y muchas luces y objetos brillantes. Para hacer más fácil la conversión, el cristianismo  acoge como suyas esas festividades paganas, el Papa Julio I pidió en el año 350 D.C. que el nacimiento de Cristo fuera celebrado en esa misma fecha, finalmente el Papa Liberio decreta el 25 de diciembre como el nacimiento de Jesús de Nazaret en el año 354 D.C.

Lo importante  de la noche de las velitas, no es su origen pagano o cristiano, sino la invitación que hace el ritual para concitar a la unidad como valor identitario para la paz. Si renunciamos a tanto odio y egoísmo con el propósito de conciliar nuestras diferencias, lo lograremos. Un país no es solamente el espacio físico, la nacionalidad surge al consolidar la identidad de un pueblo, en pos de la unidad, a partir de: valores, principios, sentimientos y compromisos de patria y sobre todo, en acciones de bondad que enriquezcan el alma y fortifiquen el espíritu, donde  estos rituales conlleven a una meditación profunda para fortalecer la armonía y la  convivencia pacifica del pueblo caucano. Felices fiestas.

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