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LA NÁUSEA

El lunes 17 septiembre, 2018 a las 8:32 pm
la nausea

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

LA NÁUSEA

El colega, periodista reconocido y fiel prototipo de PROCLAMA, Javier Dorado, hace unas referencias a la palabra Náusea. Esta acción humana, bastante conocida y no muy deseable, suele ocurrir después de un guayabo negro, cuando hay malestar gástrico o es producto obvio cuando alguien toma un purgante.

El organismo humano, entonces, adopta un malestar que nace en el estómago y va subiendo hasta la garganta hasta volverse supino e inaguantable. Debe devolver lo que el cuerpo no quiso asimilar. Sus vísceras se resisten a tener líquidos y sustancias que se agitan, regurgitan allá adentro y quieren salir rápido por la garganta y la boca.

Lo que acabo de describir rápidamente suele suceder después de una bebeta de licor, sea cerveza o ron o aguardiente. Pero también puede ocurrir porque el estómago repele, a veces por la hora o por la clase de ingredientes, comidas o bebidas.

No hay dolor indicativo. No ataca la cabeza directamente, el hígado o el estómago concretamente. No. Es un malestar general. Quien lo llega a padecer palidece, se pone amarilla su cara, lívida, se le agotan las fuerzas. «No sirve para nada» mientras dure ese trance. Sí, el sujeto que padece ese malestar general del cuerpo, como que entra no en éxtasis sino en trance como quien se marea y va a caer. No acierta a pensar, pues su estómago está descompuesto.

No es una enfermedad grave. Pero el estado a que llega quien lo llega a sufrir, es gravísimo. Nadie querría tener nunca esa sensación que rebulle en lo más profundo de su estómago, su esófago, tráquea y garganta. Allá adentro hay una revolución intestina. Las tripas, los órganos más indispensables como que no aceptan en su compañía algunos líquidos o sustancias y las repelen. No quieren saber nada de ellas. Quieren salir de ese revuelto lo más rápido posible.

¿Qué cuánto puede durar ese estado insoportable? Horas, por supuesto. Eso es, peor que estar en el infierno, dicen – y nos acordamos – los que lo hemos sufrido. Sí, cuando uno bebe o come algo muy sabroso nunca piensa que le vaya a caer muy mal. Es como un castigo o una tortura. Nace allá abajo. Se juntan y agrian las sustancias que se repelen mutuamente y empiezan a echarse culpas, a pelear entre ellas y se revuelven en el estómago. Y empieza el dolor, el malestar y las ansias de salir de allí sea como sea.

Se forma, entonces, una trifulca allá en el centro del cuadrilátero, se empujan unas sustancias a otras y quieren salir a como dé lugar. La boca, entonces, como último orificio es el desboque de tanto ruido y movimiento gastrointestinal y traqueolaríngeo. Da una tos desacompasada y el sujeto como que tuerce los ojos y entra en trance. Hay convulsiones y se pierde el equilibrio. Parece una pelea como en un ring y salen sin bata los causantes corriendo boca afuera.

Ahh, qué descanso. Salió todo el problema a pedir de boca.

17-09-18                                                                 10:29 a.m.

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Otras publicaciones de este autor en: https://www.proclamadelcauca.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/leopoldo-de-quevedo-y-monroy/

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