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Sábado, 4 de diciembre de 2021. Última actualización: Hoy

La mujer que bailó con el diablo en Popayán

El lunes 25 octubre, 2021 a las 3:51 pm
La mujer que bailó con el diablo en Popayán

La mujer que bailó con el diablo en Popayán.

(Leyenda urbana).

Por: Álvaro Jesús Urbano Rojas.

Luz Mara, era una agraciada mujer de seductor encanto, que inspira con libidinoso desenfreno los piropos picarescos de atónitos transeúntes ante la exuberancia de sus dotes. No podía llamarse de otro modo, era ángel y demonio. Sus padres, reprimieron sus andanzas con creencias religiosas muy marcadas, más en su rebeldía supina, decidió liberarse de las imposiciones forzadas que vivía y desinhibirse por completo.

Su gran pecado, fue enamorarse inútilmente del seminarista de los ojos tristes, Tomás, su primo. De visita, en el seminario Conciliar de Popayán, lo lleva de paseo entre los bosques tropicales de las riberas del río Cauca, para incitarlo a colgar hábitos y abandonar el celibato que le impone su actividad eclesiástica. El seminarista de los ojos tristes, no accede a los encantos pecaminosos de su prima y solicita al abad del seminario, negar el ingreso de la damisela, acusándola de hechicera y perversa seductora.

Desesperada por dar rienda suelta a sus deseos frustrados, decía: “me voy a divertir, así tenga que bailar con el mismo diablo”. Y tal como lo tiene sentenciado la sabiduría popular, “La palabra tiene poder”; acosada por sus bajas pasiones, un día mientras paseaba en el parque de Yambitará, junto a la capilla La Jimena, en la entrada al Club Campestre, su atención fue atraída por la figura agraciada de un hermoso mulato, alto, de cabello ensortijado, ojos verdes, profundos y turbulentos, cual felino en celo. Más su cuerpo fastuoso, expelía un lujurioso aroma a macho cabrío y su mirada incitaba a la concupiscencia y a las pasiones de lo impropio.

En el influjo de la perdición, la mujer se dejó llevar por los senderos del viejo puente de Cauca y llegaron a una antigua discoteca en una de las casonas junto al puente. La mujer cantaba y bailaba al ritmo de la trova cubana, “Que viva Changó, que viva Changó señores” y se movía eróticamente entre los reservados y la pista de baile, tratando de atraer la mirada de las parejas que ese día de terror, coincidieron en el lugar del holocausto de aquella danza satánica.

Changó, hace parte de la transculturación de los esclavos que llegaron a Cuba, al perder las raíces africanas de sus mitos cada demonio adoptó el nombre de un santo católico. Changó tomó el nombre de Santa Barbara y en sus trovas se canta: “En nombre de mi nación Santa Bárbara te pido, que riegues con tu fluido tu sagrada bendición. Que viva changó, Que viva changó Señores”. A Changó la santería lo adora como el príncipe de los truenos, la virilidad, la danza y el fuego. La Santería liga con ataduras, el culto nocturnal del señor de los muertos.

El Día de Muertos, se festeja desde la noche del 31 de octubre, hasta el 2 de noviembre. Luz Mara y Changó bailaron toda la noche, con la única prohibición impuesta, que jamás le mirara los pies, ella bajo el influjo de la seducción aceptó, hasta que el ambiente se impregnó con un abrasador olor a azufre, en los espacios se repetía de manera recurrente y emotiva la tonada: “Que viva Changó” y tanto la música como el baile de la pareja se hacía intenso y rápido, siendo el foco de atención de todos los clientes del establecimiento. De repente, mucho humo salió de los pies de aquel bello mulato que giraba cada vez a mayor velocidad, al punto en que empezaron a elevarse hasta tocar el techo y opacar las luces de la pista de baile. Fue cuando Luz Mara, le miró los pies, y con un grito estrepitoso, ensordeció la música, pues las extremidades inferiores de su bello mulato, se transformaron en pesuñas de cabra y su rostro, en la espeluznante cabeza de un macho cabrío. A los pocos días, Changó, aprovechó la muerte de Luz Angela para adueñarse de su alma, al colapsar su cuerpo por causa de una aguda depresión, internada tras los muros solitarios del pabellón psiquiátrico del Hospital San José.

La casona solariega de la discoteca, abandonada por los dueños acusa ruina, mientras el hedor azufrado persiste. En el espejo del baño del recinto, se encontró escrito con sangre: “El día de los muertos se liberan los espíritus del mal para someter la perversidad de los seres humanos con danza, música, fuego y ataduras diabólicas”.

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Un comentario en "La masonería y la Tertulia de La Pamba"

  1. Hablar de pueblos originarios de América, es un contrasentido, al negar que fue en África donde pasamos de cuadrúpedos a bípedos, razón de ser del extraordinario desarrollo del cerebro, más adelante vendrá la pérdida del protector solar, con modificaciones corporales. Y hacerle el coro a los que creen que el señor Raoni es una autoridad en conservación de la naturaleza, cuando él ha violentado de forma tan atroz la propia, es un sinsentido. Solamente reanudando lazos con sus raíces, los primeros pobladores de América, podrán aprovechar sus comprobadas capacidades.

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