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Lunes, 29 de noviembre de 2021. Última actualización: Hoy

La montaña de arena

El miércoles 23 junio, 2021 a las 9:16 am
Imagen cortesía de: https://bit.ly/2TYRCGQ

La montaña de arena

MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE

El verano pasado visité San Andrés de Pisimbalá y Tierradentro, en los municipios de Inzá y Belalcázar, donde viven los nasas o paeces.[1]

La región comprende una cadena de montañas verdes con faldas quebradas y caminos iluminados con florecitas de sietecueros y campanitas amarillas. El paisaje está forrado de cultivos de maíz, páramos, riachuelos y lagunas con espíritus que hablan. De noche asombra su cielo de estrellas palpitantes y, al amanecer, aves exóticas traen mensajes que presagian el clima, la muerte o las alegrías. Además, la gente respeta las piedras, las nubes y las montañas como si fueran seres vivos.

Pisimbalá significa ‘montaña de arena’, pero el lugar fue rebautizado por sacerdotes católicos como San Andrés de Pisimbalá en 1780. Sebastián de Belalcázar, descubridor territorial para la cartografía hispana, bautizó a toda la zona con el nombre de Tierradentro.

Posteriormente, la región se convirtió en resguardo indígena mediante una ley nacional, por lo cual hoy se llama Resguardo Indígena de San Andrés de Pisimbalá. En 1995, la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) declaró al Parque Arqueológico de Tierradentro (ubicado allí) como “patrimonio de la humanidad”.

En Tierradentro hay 18 resguardos con historias de guerreros indomables, curanderos asombrosos, cultos mágicos y ritos particulares. En todos ellos se pronuncia con respeto el nombre de Juan Tama, de quien se dice que bajó de las estrellas a legislar al pueblo Páez, una tierra de propiedad comunitaria, donde se trabaja en minga y la Guardia Cívica resuelve los conflictos menores de su gente, así como los que se presentan con los campesinos y mestizos.

Allí también hay un parque arqueológico con tumbas indígenas que datan del año mil después de Cristo y que nadie sabe a qué pueblo precolombino pertenecieron. Algunos hablan de la cultura de San Agustín y otros comentan que allí vivieron extraterrestres prófugos de la justicia intergaláctica. Lo cierto es que, cuando llegaron los nasas desplazados de las selvas amazónicas, los hipogeos eran parte del paisaje.

Los guías turísticos hablan de ranasaurios y dicen que un ciempiés simboliza lo femenino y un lagarto lo masculino. Eso sí, por todas partes hay salamandras pintadas y paredes decoradas con figuras geométricas y zoomorfas.

Tierradentro pertenece a un circuito turístico visitado por cientos de personas anualmente. Y, como en cuestiones de turismo cada loco anda con su tema, los indígenas ya se acostumbraron a ver extranjeros con preocupaciones distintas.

Llegan los viajeros con vocación de caminantes y ganas de acampar para ver las estrellas; hay quienes quieren reconocer el arte rupestre en los hipogeos; están los fotógrafos de aves, montañas y lagos; los estudiantes y profesionales en busca de temas para estudios de su interés; y, hay quienes, como yo, visitan la zona para un refresco espiritual en las gélidas lagunas del lugar y frente a los ojos abismales de los the walas.

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[1] Hasta el año 2020 se estimaba que el 21,06 % de los pobladores del Cauca (Colombia) eran indígenas. Ese porcentaje equivale a 308.445 personas que habitan en 26 de los 42 municipios del departamento. Existen en el Cauca ocho grupos étnicos reconocidos: paeces, totoroez, guambianos, yanakonas, kokonucos, ingas, pubenenses y eperaras siapidaras.

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