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La mirada

El lunes 5 agosto, 2019 a las 2:23 pm
Imagen cortesía de: https://bit.ly/2M0K9lp
La mirada

La mirada

Mirar con el ojo, con los ojos, con la atención y la fijeza sobre el objeto. Así se da cuenta el ser humano de lo que ocurre frente a él. Podrá retratar después de la escena y certificar con la buena fe lo que ocurrió en ese instante. Porque el ojo es una cámara fotográfica que no necesita obturador ni rollo ni lente adicional para registrar el hecho que presenció por casualidad o porque fue llamado a ello.

Los ojos, – ambos o uno solo basta – para que un hecho que sucedió en su presencia lo pueda reproducir con señales en un escrito o en una ceremonia ante un notario o juzgado. Lo podrá hacer detallando la hora, las condiciones meteorológicas y casi precisando el tamaño, la textura y las “señales particulares” de un sujeto dado, sea una persona, animal o cosa inanimada. Y le será creído ante el requerimiento del funcionario encargado.

La mirada es el producto de una de las funciones del ojo. Entonces, puede alguien ser premiado con unos ojos como los que cantó Cetina en su célebre poema. Además de la función dicha, puede ostentarlos un ser humano como su mejor prenda de belleza. “Ojos claros, serenos, ¡por qué si me miráis airados? Si de un dulce mirar sois alabados,… ya que así me miráis, miradme al menos”.

Porque los ojos también pueden reflejar otros sentimientos. Como la ira, el desprecio y la amargura o el desencanto. No importa si son bellos, porque dejarán de serlo al aparecer en el fondo de los ojos la señal de que alguien no es bienvenido. Allá, atrás, desde el fondo del hígado llegará el líquido de la amargura o el odio que los tiñe y un fuego casi diabólico inundará su iris y retina.

Ya no será Cetina quien delinee los rasgos y cualidades de unos ojos. Ya dejarán de ser piadosos y claros, serenos y dulces. Serán turbios, airados o rabiosos, amargos o hirientes. El poema ya no será tierno ni compasivo ni brillarán en sus órbitas como soles ni darán la sensación de un lago sereno ni semejarán enviar un beso desde lejos.  

La mirada pertenece al ojo, sí, pero también hace parte de una conversación. Si alguien no mira de frente con el que conversa, la comunicación será vaga como el ojo.

Mirar de frente con quien se habla es señal de sinceridad, de poder llegar a acuerdos. Y será mala educación mirar a otro lado cuando se “dialoga”, como que no interesara lo que uno está diciendo. Como si estuviera solo. “Por qué si me miráis, miráis airados?”, dijo el poeta. Cuando uno dialoga tiene cierto derecho a que se le preste atención. Y los ojos son testigos de la presencia o el desenfado.

Una mirada limpia, sincera, atenta, se nota desde lejos. No se voltea la cara al amigo. Y la mirada de alguien estará atenta en el peligro, la necesidad o la sola compañía.

05-08-19 9.12 a.m.

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