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LA MELANCOLÍA RUEDA POR LA CARA

El martes 11 febrero, 2014 a las 5:08 pm
LA MELANCOLÍA RUEDA POR LA CARA

http://escritoresyperiodistas.com/blog5/2012/04/20/oda-a-la-melancolia/ http://www.fondosypantallas.com/wallpaper-melancolia-3-56127/

Melancolía es una palabra que se pronuncia en dos tiempos y resbala por la lengua suavemente. Da la sensación de paz, de traer recuerdos gratos y que han dejado un sabor a lejanía, de que ya no nos pertenecen.

Melancolía tiene raíces griegas y se compone de melas μέλας y xolé, χολή, negro, sombrío y bilis o cólera. Rara composición de la palabra para significar un estado de ánimo triste o la mirada perdida de un amante o de una persona sumida en la depresión.

También se llama melancolía a la resina pegajosa que recubre al limón y a la naranja dulce y que se esparce por las manos y por el ambiente cuando los partimos para llevarlos a la boca y saciar las ganas de probarlos. Esa substancia de la mano, sube por brazo y llega a la nariz. La mano queda impregnada y manchada de una sombra oscura, macilenta. Y por la nariz, entonces, entra su olor penetrante y ácido. Nada mejor para pintar y describir lo que es la melancolía.

En la lengua portuguesa melancolía suena todavía más poética que en castellano. Se puede traducir como saudade, pronunciada la de cómo ye: saudaye, casi che. Retrata un caudal de sentimientos que incitan al retiro de la cotidianidad, a reconcentrarse en pensamientos interiores sobre sucesos tristes o alegres ya pasados y que suscitan imágenes no recuperables. De todas maneras, pensar en ellos, causan tristeza y desasosiego. Le sucede hasta a los payasos y las hadas.

A la melancolía bien la representó Dalí en su creación sobre el paso del tiempo sobre una mesa de sala. Las horas salen del reloj y el tiempo se va derritiendo y va escurriéndose por la mesa como hierro candente que cae de la caldera y no acaba de llegar al suelo.

Así luce la melancolía en la cara del hombre o la mujer que no encuentran ni norte ni occidente en su día o en la noche. Andan como ensimismados, se sientan o se recuestan, se dejan llevar como lava de un volcán o como aluvión de una montaña que se descuaja por el cauce desbordado de las aguas con el lodo.

La sombra de la tristeza puede aparecer en el entrecejo y bajar por las mejillas hasta la boca. Puede causar un rictus o hacer dibujar en la frente un pentagrama de arrugas con melodía de una fuga de Bach o ensoñar como un bolero de Ravel. La compañía de Melancolía no es tan trágica como se la ha crucificado. Tiene un tono de seriedad y solemnidad que aísla, pero en esas ocasiones la dignidad con que se sobrelleve hará de la persona un ser interesante, aunque lejano.

Con tal de que la melancolía no se convierta en cruel hipocondría será un desafío poseerla y volverla una oportunidad de meditar y relamer la melaza un poco amarga de su presencia. Como una naranja tangelo madura, la melancolía puede servirse en copa o partirse con la mano con gesto de madurez, aunque la resina corra brazo arriba. La miraremos con sorna y la aguantaremos como Sócrates o Diógenes hasta que su hálito desaparezca y el jugo dulce, servido, nos refresque.

11-02-14                                  11:18 a.m.

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