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La mediocridad

El jueves 30 mayo, 2019 a las 2:19 pm
Imagen cortesía de: https://bit.ly/30SfGdv

La mediocridad

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

No he podido conocerle la cara. La encuentro casi a cada paso que doy, al voltear la esquina o allá en la otra cuadra o delante de mí cuando camino, pero no se deja ver el rostro. Le veo su caminado, la oigo hablar, conozco su vocabulario y sus ademanes. Hasta su risa, – porque se ríe -.

La vine a conocer relativamente hace poco tiempo. Ya había cruzado por la edad de la ingenuidad que me llegó casi hasta los 40 años. Me pasó casi a la edad que escribió Cervantes su libro. Fue necesario que saliera de miaurea mediocritas para saber que yo también estaba en su mismo molde.

Es que la mediocridad es como un vestido o un disfraz. No del exterior sino de la personalidad. Hasta uno se acuesta vestido de ella. No es lo mismo que ser un “don nadie”. Eso sería mejor. Ser el alter ego de otro, o ser hipócrita y creer que uno sigue siendo el mismo: piensa y habla como si fuera “otro”, pero consciente que uno se refugia en acciones y vocabulario que no refleja lo que es propio. Se conserva “a salvo.

No, yo no quise decir eso,¿Usted cree que yo soy capaz de pensar así? ”, “Estaba distraído, si lo dije, pero no quise decir eso”, “Fue que me entendieron mal” , “Tomaron en serio mis palabras pero las dije sin asegurar nada”…

Al mediocre le corresponde estar siempre entre las aguas tibias: no se compromete, nunca tiene un desliz, “le entendieron mal”, lo “malinterpretaron, no está dispuesto a que le digan que se equivocó y nunca lo aceptará si lo retan a ello.

El mediocre nunca oyó la frase “porque eres tibio, te vomitaré de mi boca”, sentencia que trae el libro sagrado. Eso lo saben muy bien los médicos y hasta los enfermeros. Que si alguien que tiene “algo” en su estómago basta darle agua tibia para hacerlo trasbocar para que salga el mal que tiene en sus intestinos y le causa náuseas.

Como dice la “sabiduría popular”, es mejor que vomite a dormir con la culebra adentro cuando sabe de algún fraude, estafa o engaño o es coautor y lo calla por miedo o amistad o interés propio. El cuerpo lo siente y lo exige aunque la mente lo rechace. Es mejor un mal momento y de repulsión que seguir guardando en el secreto lo que alguna vez se sabrá.

Salir de la mediocridad es difícil porque es una decisión casi inconsciente, pero con un resquicio de responsabilidad. El mediocre lo sabe y trata de resistir y hacerse el fuerte en su posición. Pero los demás sí lo ven y lo observan. Como a la serpiente: la ven y evitan acercarse a ella. Temen su lengua bifurcada y lo rehúyen.

La mediocridad la tiene que soportar quien la posee. No es buen espejo. Refleja cuando le da el sol y le voltean la cara.

30-05-19 – 11:29 a.m. 

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