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Miércoles, 20 de enero de 2021. Última actualización: Hoy

La Marcha de la Guerra

El viernes 22 febrero, 2008 a las 9:44 am

Por Alfonso J. Luna Geller

En mi anterior columna, sin pedirle permiso a Asoinca-Zonal Norte del Cauca, me arriesgué a criticar la actitud asumida por algunos afiliados a este gremio al no permitir hace poco una manifestación en favor de la paz y la liberación de los secuestrados por parte del sector educativo quilichagueño, influyendo contrariamente en la formación psico-social que la comunidad espera de su juventud.

¡Ahí fue Troya! Ante la evidencia, y ofuscados por perniciosa emoción, en un incoherente comunicado a la opinión pública los dogmáticos directivos decidieron ratificar lo expresado en dicha columna como veremos adelante, y a falta de argumentos lógicos le endilgan a los periodistas indecorosos calificativos, fácilmente deleznables: que acusan tendenciosamente, que carecen de veracidad, que son crasos ignorantes, que indican una sola versión, que participaron en la “marcha de la guerra”, que no denuncian los hechos dolosos con que se han dilapidado los bienes del municipio, que les pusieron una lápida en el pecho al magisterio… en fin, nada que ver con el asunto central del reparo que hice como comentarista.

Obviamente, no puedo generalizar sobre el magisterio, porque sé que el engendro plasmado en el comunicado de Asoinca no es el criterio representativo del gremio –por las manifestaciones solidarias que recibí cuando unos profesores me dieron a conocer el panfleto repartido en una asamblea del gremio- sino que materializa la insidiosa inspiración de una o dos de sus directivos. Por su redacción los conoceréis. Pero no perdamos el meollo del asunto.

Las acusaciones tendenciosas y carentes de veracidad: dije en mi columna de la edición No. 235: “…El mensaje negativo, especialmente aquí, en Santander de Quilichao, irónicamente corrió por cuenta de quienes tienen la responsabilidad de generar en nuestros hijos mensajes positivos de vida: los maestros sindicalizados, que nuevamente politizaron el acto cívico perjudicando con su actitud obstinada la formación psicológica y cívica de sus alumnos. Los profesores, siguiendo instrucciones políticas de Fecode, la Federación Colombiana de Educadores, consideraron que la marcha del 4 de febrero, “que comenzó como una justa reacción ciudadana contra la práctica del secuestro y por la liberación de los secuestrados mediante un acuerdo humanitario, terminó cooptada, en todo y por todo, por el uribismo. En consecuencia, ha sido manipulada hasta desnaturalizarla y convertirla en un plebiscito de respaldo al régimen uribista y a la política de sangre y fuego de la “Seguridad Democrática”. Por lo cual se negaron a participar en el acto cívico y no permitieron que lo hicieran los alumnos…”
¿Es tendencioso reproducir textualmente la declaración de FECODE o es carente de veracidad que se negaron a marchar con sus alumnos? ¿Quién trata de enredar a quién? ¿Creen que todos nuestros lectores son como nosotros, también crasos ignorantes?

Sobre la marcha de la guerra, dice el comunicado: ¿saben estos periodistas que participan en la marcha de la guerra y acusan con epítetos difamantes a los maestros…? Qué despiste, qué incoherencia: que no salgan a marchar en contra de los secuestros, los asesinatos y la barbarie cometidos por las FARC, allá ellos, pero que fuera de eso se atrevan a decir que nosotros marchamos a favor de la guerra, como millones de seres humanos en el mundo, es un absurdo, una afirmación que merece una revisión psiquiátrica sobre quien nos endilga el calificativo de que somos marchantes por la guerra. ¿Sabían los directivos de Asoinca-Norte, que se escudan anonimato que les permite el gremio, que los organizadores de la marcha que convocó a varios millones de personas en el mundo para protestar contra las Farc rechazaron lo que llaman ‘el oportunismo del uribismo’ tras conocer la propuesta del partido de la U para reelegir al Presidente y que el grupo apoyará la marcha a favor de las víctimas de las AUC? Ellos y cualquier ser consciente saben que la paz, la ilusión por la vida, la libertad y la sana convivencia no pertenecen a las derechas ni a las izquierdas; rechazan contundentemente cualquier vinculación que se quiera hacer de esa histórica jornada con la propuesta de reelección hecha por el partido de La U, pero también sabemos que hay quienes, como lo demuestra el comunicado de Asoinca, quisieron aprovechar la coyuntura también con oportunismo inicuo para politizar la ética y decir que fue una marcha por la guerra. ¿Es coherente justificar la violencia y los secuestros de un lado porque en el otro también los practican? Habría que ponerle cuidado a las orientaciones morales que reciben los alumnos de quienes así piensan y actúan.

Inclusive, para Iván Cepeda Castro, el representante del Movimiento de Víctimas de los Crímenes de Estado, uno de los organizadores de la marcha que propone homenajear a las víctimas de los grupos paramilitares el próximo 6 de marzo, el hijo de Manuel Cepeda, destacado líder del Partido Comunista quien fue asesinado el 9 de agosto de 1994 por sicarios de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), considera que, incluso desde antes del 4 de febrero, se ha puesto en la discusión pública el tema ético sobre la actitud de la ciudadanía frente a las víctimas.

También estoy de acuerdo en que es necesario que se le rinda un justo homenaje a los desplazados, a los desaparecidos, a los familiares de los asesinados y masacrados, a través de múltiples actos simbólicos; el 6 de marzo debería ser un momento de solidaridad, y como dice Cepeda: “aquí el ánimo es construir, buscar la paz en el país y eso solamente es posible si reaccionamos de una manera cada vez más honesta y más ética, con relación a lo que está ocurriendo. Yo creo que lo del 4 de febrero fue importante en la medida en que se rompió el silencio y hay que profundizar en eso. Hay que volverlo, digamos, permanente. Consideramos que este es el momento para que la gente se solidarice y se produzca una demostración pública de rechazo a estos crímenes”. ¿Fue entonces, una marcha por la guerra?

Por otra parte, sobre los “…hechos dolosos con que se han dilapidado los bienes del Municipio…” considero que es muy urgente que Asoinca-Norte denuncie ante las autoridades pertinentes lo que sus directivos conocen sobre tan grave asunto y que no actúen irresponsablemente adjudicándole a los periodistas compromisos que no tienen en ese paseo; ni somos de la administración pública, ni hacemos cargos temerarios como quieren ingenuamente hacerle creer a sus desprevenidos colegas de magisterio, ni somos las autoridades competentes que tienen que investigar y sancionar a los corruptos. Eso sí, si lo creen conveniente, les rogamos perentoriamente que nos hagan llegar las pruebas de tan graves afirmaciones para que si ellos no pueden por alguna limitación hacer la denuncia, nosotros sí la haremos hasta llevarla a los fiscales y procuradores que correspondan e informar a la ciudadanía sobre la corrupción de que han sido testigos los directivos de Asoinca, pero que sospechosamente guardaban la información para restregársela equivocada y de manera oportunista a los periodistas independientes. De lo contrario, creo que deben responder judicialmente porque quien sea testigo de la comisión de cualquier delito y no lo denuncie, entra a ser parte del mismo. Así lo considera el Código de Procedimiento Penal (ley 906 de 2004) en el artículo 67 cuyo texto es el siguiente: “DEBER DE DENUNCIAR: Toda persona debe denunciar a la autoridad los delitos de cuya comisión tenga conocimiento y que deban investigarse de oficio… Además… el servidor público que conozca de la comisión de un delito que deba investigarse de oficio, iniciará sin tardanza la investigación si tuviere competencia para ello; en caso contrario, pondrá inmediatamente el hecho en conocimiento ante la autoridad competente. Transitando ya en este terreno, quedamos a la espera de las actuaciones éticas y morales que obligan a la directiva de Asoinca-Zonal Norte del Cauca. Son cosas de las leyes y el Estado de Derecho, no del periodismo.

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