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Viernes, 7 de octubre de 2022. Última actualización: Hoy

La maldición expresidencial

El sábado 19 marzo, 2022 a las 8:24 pm
La maldición expresidencial

La maldición expresidencial

Aurelio Suárez Montoya

La frase “los expresidentes son muebles viejos” se atribuye a Harry Truman, del Partido Demócrata, quien fue presidente de Estados Unidos entre 1945 y 1953. Sus dos mayores gestas, lanzar la bomba atómica contra Japón, por la que murieron más de 220.000 personas, y declarar la guerra de Corea.

Esa idea no ha pegado en Colombia. Algunos de los candidatos escogidos el pasado 13 de marzo en varias consultas han hecho romerías a los expresidentes, apropiados de los partidos políticos, con el propósito de alinearlos.

Es otra figura extravagante de la muy deteriorada democracia nacional: Gaviria, jefe del Partido Liberal; Álvaro Uribe, señor feudal del Centro Democrático; Andrés Pastrana, mediante esbirros, voz mandante del Partido Conservador; Juan Manuel Santos, fundador del Partido de la U, mete baza como tahúr por doquier; Ernesto Samper merodea por predios de “izquierda” e intenta incidir mediante el supranacional grupo de Puebla. Hasta Iván Duque, a quien le restan cinco meses para tener la condición de ex, fletó al Equipo por Colombia.

Lo anterior resulta más insólito cuando entre estos expresidentes hay muchas más grandes coincidencias que pequeñas divergencias. Aparte del acuerdo de paz con las Farc, de la que el uribismo ha hecho caballito de batalla e insiste en perpetuar como distintivo, concuerdan en temas estructurales como la política neoliberal de libre comercio y de maximización de la tasa de ganancia del capital extranjero, aplicada por 30 años; en el ejercicio del clientelismo y de ciertas dosis de corrupción consentidas a sus respectivas huestes, de lo que hay recientes ejemplos, y, ante todo, en la docilidad frente a los ucases de Estados Unidos sobre esta neocolonia.

Es más, parte de las disputas entre expresidentes vasallos es por aparecer cada uno como más fiel intérprete de los libretos del Tío Sam en cada coyuntura: bien paz o bien guerra; bien garrote o bien zanahoria; bien halcones o bien palomas; bien Plan Colombia o bien Plan Bicentenario; bien FMI o bien Ocde; bien Tiar o bien Otan. Unos se uncen al carro republicano y otros al demócrata en la línea norteamericana para el Sur que, según conveniencia de tiempo y modo, “o fortalecen derechas o cooptan izquierdas”.

Además, sus decisiones sobre la inversión de sus patrimonios, puestas en evidencia por sendos capítulos de Panama Papers, Pandora Papers o Paradise Papers, marcan una pauta común: garantizar hacia el futuro su riqueza particular, poniéndola en el exterior y en disfrute de jugosos ventajismos tributarios.

Es intolerable que quienes han tenido las riendas del país y se resisten a soltarlas practiquen de forma engañosa “Mi patria, mi bolsillo”, o ¿acaso la quieren para llenarlo más? Andrés Pastrana lo tiene en Panamá en Vanguard Investments Inc.; César Gaviria, en sociedad con hermano y allegados, también guarda en el Istmo su bóveda MC2 Internacional S. A., empresa beneficiaria de contratos oficiales en hidrocarburos (SEMANA, A. Suárez, 16/10/2021). Juan Manuel Santos, consejero de la Fundación Rockefeller, fue director en Nova Holding Company, de Barbados, en el año 2000 y suena ligado a Global Tuition & Education Insurance Corp., liderada por Gabriel Silva, el eslabón que une al kínder de Gaviria con varios gobiernos, incluidos los de Santos y Uribe, en las relaciones con Estados Unidos, asuntos cafeteros y defensa y seguridad. Álvaro Uribe ha mezclado sus activos rurales con bien remuneradas consejerías directivas en consorcios como News Corp y J. P. Morgan (Europa Press, 10/02/2014).

Como colorante adicional, las banderías que los expresidentes forman unos contra otros, se refuerzan sembrando entre la sociedad y la opinión el odio recíproco, que no es ninguna “estrategia de desarrollo”, aunque así se intente mostrar, y a veces con toda suerte de improperios que han llegado hasta la Comisión de la Verdad. Son fuentes primeras de la polarización, que encuentra eco en redes sociales, lo que se define como “enfrentamiento manipulado” en el “mercado de la ira” (Revéiz, 2021).

Excepto Fajardo, a quien por su condición independiente se le da por aislado y derrotado de antemano, candidatos como Petro o Federico Gutiérrez ya iniciaron las peregrinaciones a los oráculos de la burguesía intermediaria criolla. Esto, que politólogas uniandinas, como Carolina Fierro (RCN) o Laura Wills (Congreso Visible), calificarían como “síndrome expresidencial”, se trata de mucho más: de la maldición expresidencial, de caciques eternizados en la captura del Estado. ¡Chao, expresidentes!

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Columna publicada originalmente en: Revista Semana https://www.semana.com/opinion/articulo/la-maldicion-expresidencial/202200/

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