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La madre tierra y la tierra amiga

El miércoles 19 octubre, 2022 a las 4:59 pm

La madre tierra y la tierra amiga

Donaldo Mendoza

   Cuando en la década de los setenta grupos ilegales entraron en la Sierra Nevada de Santa Marta a tumbar bosques para sembrar marihuana (“bonanza marimbera”), los indígenas de la región, perseguidos y desplazados, lanzaron un clamor doloroso por la defensa de la “madre tierra”. Entonces el llamado no era por la recuperación de territorios, “que por derecho ancestral nos pertenecen”, sino por la vida. La vida amenazada en su propio corazón: la Sierra Nevada.

   La intención de este artículo no es tomar partido por uno u otro concepto. Los dos me sirven para un asunto que invadió mi cabeza después de un viaje de tres semanas por algunos países del viejo mundo. En efecto, igual que los museos y monumentos históricos, el paisaje y la arquitectura merecieron especial interés.

   En Holanda y Alemania tuvimos la suerte de pernoctar en ciudades pequeñas –Wormer, Weener…–. Lo que observé lo puedo resumir así: «un jardín con casa». Lo contrario de Colombia, en donde lo normal es decir ‘una casa con jardín’, porque lo que cuenta, especialmente en sectores de clase media, es el área construida y la ‘oportunidad’ de ganarle centímetros o metros al área no construida (antejardín o paramento), para seguir construyendo.

   Se dirá que la familia crece y hay que ampliar la casa, es una razón; en algunos casos la necesidad se impone; pero hay circunstancias en donde lo que se busca es valorizar la vivienda para venderla a mejor precio. En la segunda variable está el quid del asunto, y la consecuente pregunta: ¿qué tipo de relación se establece con el medio ambiente?, el lector dirá…

   Lo que sí me quedó claro, al caminar las calles de las pequeñas ciudades europeas es que sus habitantes han establecido una íntima relación de amistad, de empatía con el ambiente natural. Mirando a distancia, se tiene la idea de que cada familia no compite por mostrar la mejor fachada, sino las flores más bonitas, y en algunos casos las más exóticas. Y el visitante es víctima del encantamiento, dado que al andar no queda más camino que detenerse para mirar de cerca esta flor, aquel prado… Y como ciudades norteñas, son comunes las transparentes quebraditas que bordean jardines.

   Haciendo el balance, no hay más alternativa que revisar paradigmas. En efecto, el apego a la naturaleza, a la madre tierra, no es ADN exclusivo de los indígenas americanos, no. Estas familias europeas ya traen desde el pasado remoto una relación de intimidad con la naturaleza; y dejan ver su convicción de que, si desaparece el verde, la vida en la tierra no será posible.

   En suma, habrá quién se quede con el concepto de madre, para referirse a la Tierra; yo prefiero amistarme con ella, en una relación de común unión; al modo de esta frase de Georges Duhamel: «Si quieres hallar en cualquier parte amistad, dulzura y poesía, llévalas contigo». 

   A Natalia Mendoza Ferreira y a Enrico Piras, su esposo, gratitud total. Facilitaron una experiencia familiar de especial epifanía con la naturaleza.

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