Martes, 23 de octubre de 2018. Última actualización: Hoy

LA MADRE

El sábado 12 mayo, 2018 a las 4:50 pm

LA MADRE

LA MADRE

Leopoldo de Quevedo

Otras publicaciones de este autor: Leopoldo de Quevedo y Monroy

A las Madres, en su día:

La palabra Madre es sagrada. No hay otra que al ser nombrada sugiera una imagen de veneración, respeto y cariño. La expresión en castellano es de dos sílabas que al ser pronunciadas evocan la imagen de un Ser inmaculado, cercano, amado. Ni siquiera la palabra ángel, o Dios tienen la virtud de producir el cese de cualquier mal pensamiento o ultraje o queja.

Todo lo contrario. Trae paz al pecho e invita a cesar cualquier sombra de rencor, de pensamiento oscuro o de rechazo. Para quienes existimos y pensamos y nos movemos y poseemos cualidades tener Madre significa que a Ella lo debemos. Salta, entonces, a la memoria la cara, la bondad, la entrega, la dulzura de ese ser en nuestra existencia. No hay otra persona con dignidad o con cualidades superiores o iguales a la propia madre.

Todos los días ella es la madre de cada uno de los mortales. Y debíamos estar casi de rodillas reconociéndole sus virtudes y el hecho de habernos puesto sobre la tierra al darnos la vida. Muchas veces lo olvidamos y no se lo decimos.

Su pecho es un sagrario en donde late un corazón, el mismo que nos quiso cuando sintió en sus entrañas que vivíamos dentro de ella. No nos veía pero ya éramos parte de su carne y de su sangre. Deberíamos estar toda la vida arrodillados frente a ella dándole gracias por este don que nos permite reír, hablar, suspirar, pensar, amar.

Nuestra Madre: la bella, la humilde, la negra, la bajita, la de ojos verdes, la de lunar en la nariz, la que no hizo ni primaria, la que nos cocina todos los días, la que no hace sino pensar qué más necesitamos.

Ese ser que se desprende de sus ahorros en una urgencia, que no guarda rencor aunque la hayamos defraudado muchas veces, la que no se queja de cansancio cuando necesitamos un cuidado o nos ve heridos.

De todos los demás seres uno se puede quejar que alguna vez dejó de ser quien era pero una madre siempre estará al pie de uno en el momento que uno la necesita para que le enjugue las lágrimas o para compartir un dolor o una alegría o comer un dulce.

¿Qué le añadiría el creador a la madre que tiene lo que nadie tiene a la hora de una grave necesidad o una desgracia? Ni el padre, ni los hijos ni la esposa ni los amigos reemplazarán a la Madre en tales momentos.

La mía ya murió. Y por eso la exalto hoy. Para que quienes la tienen la valoren, la besen, la adoren, no le escatimen una caricia al empezar cada día, la consientan y la veneren como se hace solo con Dios. Ella es su reemplazo aquí en la tierra y mientras viva…

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