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Lunes, 5 de diciembre de 2022. Última actualización: Hoy

La llorona

El lunes 3 octubre, 2022 a las 10:54 am
La llorona
La llorona
Foto: Notimérica

La llorona

Álvaro Jesús Urbano Rojas

En el mes de octubre, me referiré al imaginario de la tradición oral, medio de prolifera recreación popular, en épocas en que los pueblos se iluminaban con fogatas y velas, de donde surgieron mitos y leyendas a través de las narrativas de nuestros ancestros.

Desde cuando la luz eléctrica derrotó la oscuridad, nuestros pueblos olvidaron las supercherías del antiguo paganismo, aunque muchos se apegan a supersticiones de apariciones del más allá, acuden a las adivinaciones y augurios de brujas, creyendo en duendes y espectros sobrenaturales como: el guando, la viuda, el carro fantasma, temerosos del mal augurio del graznido del cuervo o del morrocoy que, en noches luctuosas, anuncia la muerte.

Desde la colonia, muchos de nuestros pueblos celebraban las fiestas de algunos santos, espantos y demonios, con reuniones caseras llamadas “votos” con la participación del mayor número de vecinos o parientes, en casa del “fiestero”, quien ofrendaba abundante comida, chicha como pasante de frituras de menudencias de cerdo, amenizadas con música de chirimía al sonar de tambores, flautas de carrizo y diablos danzantes principalmente en épocas decembrinas.

La llorona, es una mujer que fue engañada por su pretendiente, al quedar en cinta, el canalla la aborrece y ella, ante su deshonra, ahoga al niño en las aguas del río. Desde entonces, cuando alguien va a asesinar a un bebé, la llorona deambula por el pueblo con chillidos desapacibles y chirriantes, lanzando gemidos estridentes y ensordecedores. En su perfidia, persigue a los libertinos, atormentando sus libaciones nocturnales. Inicia su periplo desde los pórticos de los cementerios católicos, de donde emerge del inframundo para vengar el estupro de que fue víctima, según lo explican los eruditos del derecho penal, estupro es “prometer para meter y después de haber metido no cumplir lo prometido”. Es decir, hacerse el huevón.

Desde entonces su alma en pena, deambula lanzando gemidos estridentes y tétricos. Con su figura espectral de cabellera larga, vestido negro y ancho que cubre las rodillas, dejando ver las enaguas. Usa pañolón negro, y sus ojos desquiciados con rictus de ultratumba destellan una luz blanca por causa de las luciérnagas que alumbran su rostro cadavérico, de sus dedos esqueléticas se despliegan uñas afiladas para aruñar las víctimas.

Este espanto de andanzas nocturnales, ataca especialmente a las parteras, médicos y enfermeras que participan en abortos clandestinos y a todos cuantos incitan a las embarazadas a acabar con la vida de sus bebés antes del parto. También ataca a los hombres que dejan embarazadas a mujeres jóvenes solteras y que luego las abandonan a la buena de Dios.

La llorona no volvió a aparecer por las calles de nuestras ciudades desde que el Estado legalizó el aborto. Pues por sustracción de materia ya no se justifica su presencia. La leyenda tiene muchas versiones, con particularismos propios de cada pueblo.  A pesar de ello, su relato es mágico y sobrenatural, con variadas texturizaciones e hibridaciones de muy diversos manejos en el imaginario colectivo de Hispanoamérica.

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