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Martes, 19 de octubre de 2021. Última actualización: Hoy

LA LITERATURA: FUENTE DE ETERNA JUVENTUD

El lunes 24 abril, 2017 a las 11:05 am
Bulevar de los días

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

El amor, las mujeres y la muerte - Arthur Schopenhauer

https://editoresmexicanosunidos.com/books/categoria/literatura-universal-y-clasica/arthur-schopenhauer-el-amor-las-mujeres-y-la-muerte.html

¿…qué es lo que efectivamente ocurre en nuestra mente
 cuando empleamos el lenguaje
con la intención de significar algo con él…
Bertrand Russell- Introducción al Tractatus… de Wittgenstein.

La literatura, ese montón de letras que se acurrucan a los pies del hombre con la esperanza de que éste las tome y las consuma. Ese montón de hojas escritas que se ofrecen en librerías y que vuelan por ojos, manos y aviones sin fijarse quien las porta. Ese montón de líneas que cada día se producen por la fiebre del escritor en la casa del barrio o en la universidad. Ese montón de palabras que entran como niños alegres y en recreo por los ojos del lector…

Nunca se imaginó Adán que Eva alguna vez le iba a tomar la lección. Ni se imaginó el luchador en el ring, que alguna vez el ring sería en la sala de juntas de una Universidad. Allí el rector le preguntaría: -¿Cuál fue el último libro que usted leyó? Esa pregunta al final de la entrevista le supo a puño en el mentón. Era la principal pregunta a un intelectual que aspiraba a una plaza de Director en la Institución.

Sí. Leer, la pasión, la costumbre de leer, de estar atento a la última aparición de un libro por la escena, allá tras el bastidor… de buscar la literatura como sucedáneo del deseo de actualidad, como muestra de estar vigente en el pensamiento y de seguir interesado por lo que dicen los pensadores y creadores de mundos y de personajes…

La literatura es un instrumento parecido a los reconstituyentes que daban los antiguos médicos para superar la debilidad. Trae adentro de la infinidad de palabras que constituyen los capítulos y trama de un tractatus philosophicus o novela, unas sugerencias, estímulos, preguntas e hipótesis que levantan de cualquier debilidad. Y consiguen remediar la anemia, la falta de energía y la… miopía.

Quien decide leer un libro de matemáticas, lenguas, filosofía o gramática o de poesía o una novela, como aquella primera de Cervantes, no hace otra cosa que tener entre sus manos el mejor reconstituyente para fortalecer la juventud. Sea la edad que tenga el lector. Lo invadirá la gana de competir, de volar sobre las páginas, de devorar un banquete ni siquiera tan costoso como diez platos de caviar. Leerá paciente el primer capítulo, se ambientará, conocerá los personajes o las señales del camino y entonces, luego, ya podrá correr a la velocidad que quiera.

Podrá parar en el camino, entrar a un sauna, tomar café al pie de la piscina, conversar con su novia si está a su lado o quedarse absorto solo en la recepción del hotel leyendo y cavilando, sin detener el paso. ¿Cree usted, ahora, que leer es algo que buscan los fakires para adelgazar o resistir? ¿O, son los libros un catálogo de recetas médicas para curarse el cáncer o la hepatitis? No, señora, o señor. El libro es un reconstituyente, lo había ya dicho.

A los enfermos no se les recomienda leer porque se desvanecen, se marean o les causa náusea. Pero, si usted desea mantenerse joven, eternamente joven, busque un buen libro y lea y comente luego con sus amistades el tesoro que encontró. Lo verán joven, despierto, y hasta lo querrán imitar.

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