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LA LIBERTAD ES DURA REALIDAD

El miércoles 13 abril, 2016 a las 12:39 pm
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Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Loco-mbiano

La sentencia de la Corte Constitucional que da vía libre al matrimonio llamado igualitario entre dos hombres o dos mujeres ha sorprendido a mucha gente, aún ilustrada. Ingenuamente alguien pudo pensar al comienzo de los siglos que el mundo seguiría tal y cual como comenzó. Con sus mismos parámetros y límites.

La evolución de la materia, del pensamiento, las revoluciones que han provocado inventos, teorías, descubrimientos han hecho cambiar el curso lento y conservador de las instituciones que vemos superficialmente sobre nuestro horizonte. Si el homo sapiens se levantara de su tumba y volviera los ojos en derredor no saldría de su asombro. Cuántas cosas vería han cambiado, verificaría y no podría reclamar al cabo de tantos siglos.

La historia tiene puntos negros, grises y muchos necesitarán más el paso de los días para que sean claros. Como la conquista de la libertad. Todavía ese concepto no es claro para muchos hoy en día. El hombre nació sin saber su suerte y poco a poco ha ido viendo cómo torres y alfiles caen sin que nadie se queje. El tiempo es juez inexorable y su barba ha visto secarse ríos, inundarse el mundo y cambiar la suerte de pobres y de ricos.

Hoy vemos cómo después de lustros la sociedad ha necesitado de revoluciones, paros, marchas de protesta para que sus gobernantes entiendan sus necesidades. Muchas veces el solo paso de los años no basta. Es necesario que se acompañe hasta de sangre, lucha, banderas e incomprensión de muchos conciudadanos. Los justos intereses de otros no se soportan porque no son los intereses propios.

Hay épocas en que pareciera que gran parte de los habitantes de una nación fueran los dueños de ideas, arcas, terrenos y mentalidades. Viven en una esfera, que bien pudiera ser una cárcel muy confortable y con privilegios, y no quieren que otros la disfruten. Se aferran a costumbres inveteradas, a intereses con los cuales han ganado indulgencias y no permiten que vengan otros a gozar de también de ellas. Como si la libertad interna de ciertas personas fuera un predio perdido y no se pudiera contar entre los bienes de la patria.  

Van llegando las cosas, unas por mano bondadosa y larga para unos, otras merced a la constancia y espera penosa de quienes las merecen y por obra de salvadores en barca a la deriva. Como es el caso de los llamados gente de la LGTBI, una sigla casi de secta maldita. Ellos han sido como una casta paria dentro de un paraíso virgen y privilegiado en donde no cabrían sino los puros y predestinados.

Al fin, la libertad sublime, por la que caminó Simón Bolívar, llegó para los otros colombianos que no la habían podido cantar y de la que los habían segregado. Libertad que había sido negada y aún sigue en duda. Palabras hay que se pronuncian sin saber su significado. Como muchas de la jerga actual. Y otras que se usan sin saber su alcance y que contienen elementos volátiles, metafísicos. Como libertad, matrimonio, padre, madre, las cuales hemos acariciado tanto que parecen propiedad privada o de un apartheid. Pero los demás también tienen derecho a ellas desafortunadamente, merced a luchas y palmadas en la cara.

05-04-16                                            5.15 p.m.

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