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LA LECTORA DE NEGRO

El lunes 14 agosto, 2017 a las 1:51 pm

Pasear tiene sus largos, sus anchos, sus curvas y encantos, sus avenidas, edificios, el Río y sus paseantes. En estos días se alteró el ritmo normal y pasó por la retina una dama vestida toda de negro. Falda, blusa, chalina antigua y un sombrero ceñido a la cabeza. Tal vez llevaba una especie de redecilla que sobresalía para cubrir un poco la frente. Fue tan fugaz la escena que no percibí la figura exacta de la dama de negro. Aclaro que no recuerdo su tez y cuál era el color de su piel. Tal vez sus piernas llevaban medias negras, al estilo antiguo.

La vi cruzar como si llevara prisa. Llevaba una revista de formato algo grande, no usual. Tal vez era de esas antiguas que traían noticias de modas, fotos y novelas seriadas. La mujer era extraña. Parecía una estatua, rígida o casi una sombra que salía de un camino paralelo al que yo transitaba. Fue una escena algo fantasmagórica. Fugaz y extraña. Apareció de improviso, caminaba rápido, como si tuviera afán de hacer algo pronto.

Buscó con los ojos un lugar propicio y cuando lo halló, torció en el camino y se agachó para sentarse sobre una piedra. Todo sucedió en un instante largo… La escena fue completa y rápida. Una vez sentada, apartó de su cartera la revista grande. La revisó como quien abre una sarta de naipes para darle una primera hojeada. Tal vez ya sabía lo que iba a leer.

Se cuadró los anteojos en su cara, estiró los brazos y puso la revista delante de sus ojos.

Hasta ahí la escena que sucedió y quedó grabada en mi retina. Me quedé pensando quién era esa dama tan rara. ¿Por dónde había aparecido y de dónde venía? Todo sucedió en un instante largo, como ya lo he dicho, porque alcancé a mirarla y detallarla y su imagen me impresionó hasta hoy. Mas no me causó -entonces- gran curiosidad. Curiosidad que más adelante me avasalló y refrescó la escena.

No era una mujer cualquiera. Era una dama bien, como se dice. Vestía un traje no nuevo, pero sí bien planchado. Cuando nuevo debió haberlo comprado en una boutique de modas o en un almacén de marca. Su porte lo decía. Se sentó muy digna sobre la piedra y sabía lo que quería. Iba a leer algo que le había interesado y sabía que allí estaba en la mitad de la revista.

Cuál era su afán, qué noticia había en aquellas páginas que buscó ansiosa. ¿Había alguna foto? ¿Era la continuación de una novela al estilo de las de Corín Tellado? La dama parecía no pertenecer a ninguna de las de la vecindad de los barrios que rodean las riberas del Río.

Nunca la había visto y dudo que la volveré a ver.

¿Por qué vestiría de riguroso negro o qué mensaje me vendría a traer con su oscura y fugaz presencia? Como si viniera de ultratumba o del pasado a representar una escena delante de mis ojos. No le reconocí su cara. No vi nariz ni sus pómulos, ni el contorno de su cara. Solo supe que era, tal vez, una ávida lectora.

14-08-17                                     11.52 a.m.

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