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El miércoles 5 noviembre, 2008 a las 11:24 am

LA LECCIÓN OBAMA


AP-Reuters

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

Colombiano

leoquevedom@hotmail.com

El estilo es el hombre, es una etiqueta vieja, pero es una verdad. Obama ganó sin estridencias las mayorías y la Presidencia. Llegó sin bombo a la lid hace año y medio y anoche cuando subió al podio de la gloria, lo hizo con la sencillez del primer día. Alzó su sonrisa y su brazo delgado y saludó al pueblo de Chicago. Sin engreimiento y sin arrogar para sí un triunfo sobre un enemigo desolado. Su rostro estaba tranquilo y su corbata roja batía sus alas como el público que lo esperaba. Ecuánime en sus juicios, dio al mundo una lección de lo que es estar en la cúspide de un imperio. Sin prepotencia, sin amenazas, reforzó los lineamientos que había desplegado en la campaña. A su lado nunca hubo un sólo hombre armado. Y su contendor hasta anoche, arrió su bandera de inmediato y lo felicitó como todo un caballero. Eso es la democracia según está en los libros y en la historia.

Con Obama no habrá retaliaciones, porque su tarea es reconstruir las heridas del enfermo. Con paciencia, con asesores que formen un cuerpo armónico en su tarea, oyendo y mirando la cara a los de abajo. El talón de aquiles para él no será la guerra ni la competencia con otros estados. Para Obama lo principal será la economía interna. Que su pueblo gane bien, que no se sienta oprimido con los impuestos, que las tasas de interés no se las lleven los de arriba. Que nadie se sienta perseguido y ostente orgulloso pertenecer al sueño que todos los hombres tienen sobre la tierra.

Con Barack Obama se han hecho realidad utopías que el mundo esperaba desde hacía milenios. Se han roto barreras construidas desde los trabajos faraónicos en Egipto con las espaldas de esclavos, se han secado las lágrimas de los azotes y la segregación sureña, se acabaron las noches en cepos y en socavones inhumanos. El triunfo de ayer ha trazado una línea histórica entre el triste pasado de subyugación y la esperanza de un porvenir como siempre lo desearon los negros en la lejanía. No es la repetición de la película del príncipe y mendigo sino la ansiada victoria del que siempre estuvo a la puerta de su lugar y nunca había podido entrar.

Vimos por TV llorar a Colin Powell, a artistas negros, a gente del pueblo frente al estrado, a Jesse Jackson, a la nieta de Martin Luther King, Jr. El nudo en la garganta por fin se ha soltado. Ha llegado la hora del cambio, de nuevo estilo humano que cumpla los ideales de Lincoln, de Washington, de Roosevelt, Kennedy de acercarnos unos a otros para poder vivir como iguales, en un mundo que a todos se nos ha dado sin privilegios.

Con el nuevo mandatario se prevé un tratamiento franco, sereno y respetuoso. América Latina tendrá un socio desprevenido, que ha padecido también los rigores de las equivocaciones y del poderío mal ejercido y entendido. Tendrá, ante sí al representante nato de un demócrata que respeta las palabras igualdad y libertad, que ama los derechos civiles, que sufrió en carne propia la persecución política y las inclemencias del trabajo forzado y mal pagado. No podemos esperar su beneplácito a cambio de nada, ni disculpar nuestros errores de rodillas como parias, porque ese no es el estilo Obama.

05-11-08 – 9:25 a.m.

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