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LA INSPIRACIÓN DEPENDE DE UNA MUSA VAGA

El martes 16 abril, 2013 a las 2:35 pm
Cabezote Bulevar de los Días

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano

musa

http://html.rincondelvago.com/la-metamorfosis_frank-kafka_1.html

Ayer fue el día mundial de la inspiración. Y hoy no amaneció el día lleno de mariposas rojas. Las páginas abrieron en blanco y la mente estiró alerta sus aletas para captar la presencia de la musa. ¿Será Euterpe, Erato, Melpómene, o Terpsícore quien aparezca de tul blanca al borde de la puerta? ¿O Calíope reirá con sorna colgada en una calesita o Urania mezclada con nubes junto a la Osa?

No. Aunque uno sea amante de la historia, o hijo predilecto de la imaginación y la Locura, sabe que las musas de la mitología están muy bien allá, en la cima del monte Olimpo o en los abismos del Parnaso. Están en los templos, los museos y los libros sentadas o de pie, con saya blanca o erguidas sobre un mármol.

El escritor, pintor, escultor, ceramista, diseñador gráfico, el poeta, la mujer que decora interiores por oficio y gusto saben que la inspiración no sale de entre una nube o una botella. Como el inventor, el físico, el investigador, el arquitecto, ellos se levantan cada día con una lámpara de ingenio con un gas noble a punto de ser encendido.

Lo prefiguró algún día Descartes, tal vez en chiste. La musa de cada ser humano – porque todos tenemos nuestra musa adentro -, es la inteligencia sentada en la silla turca ubicada en el centro de nuestro cerebro, donde reina la glándula pineal o pituitaria. Pudo estar en lo cierto el filósofo que nos enseñó a dudar de todo, como método para hallar un punto razonable.

¿Qué es una musa? ¿Es un espíritu volátil, una idea que ronda por el aire, disponible para quien busque solución a un problema o es el interés y movimiento del hígado y hasta los intestinos para hallar la respuesta que no encontramos recostada en un sofá, esperándonos, o el verso inquieto que puja por salir?

Hemos escuchado de labios de cardiólogos, neurólogos, químicos, epidemiólogos, o novelistas que han tenido éxito, que la musa no es otra cosa que una idea persistente por la que se trabaja, a veces por muchos años. La musa puede estar en la redoma de un laboratorio o en la mitad de una fórmula minúscula, como la de Einstein. O puede venir de una sugerencia de la novia o al ver una película. Quizás puede extraerse al paso, por la calle, de la conversación de unos viajeros o de una propaganda o jingle en la radio o surgir de la travesura de un niño que juega distraído con su lego.

La inspiración no llega en jet ni montada y zumbando sobre el ala de una abeja. Ni jamás le llegará a los perezosos o avaros. Es muy celosa y solo se le aparece a seres ensimismados, inocentes, cuyas manos solo mascullan vidrios y ajenjo. No suele visitar palacios ni urde leyes ni consorcios ni se presta para fabricar billetes.

A los poetas se los imagina uno espiando a Eros, a Cupido, o en los montes junto a los sátiros y gnomos, o el fondo de la mar cabalgando sobre caracolas o aspirando cocaína en tubos de vidrio como en las tiendas de Ámsterdam. Pero no. La inspiración es un turbión que llega de repente a las neuronas e invita a fabular, a hacer de dioses y crear situaciones locas, monstruos inexistentes que baten sus fauces y se introducen en nuestros ojos como el cucarrón de Kafka.

16-04-13                                        9:32 a.m.

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