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¿“LA IGLESIA” PUEDE INTERVENIR EN POLÍTICA?

El viernes 30 septiembre, 2011 a las 10:56 am
Pbro. Edwar Gerardo Andrade Rojas
En la historia de nuestra Patria, se han dado casos en los que algunos miembros de la jerarquía católica han intervenido directamente en política de tipo partidista. Estos hechos, en su mayoría, han de mirarse para su análisis, en la época y circunstancias en que sucedieron, con el fin de sacar las enseñanzas oportunas, puesto que “la historia, que nunca se repite, nos dará perspectivas para la comprensión del presente” (Enrique D. Dussel). A este respecto, son muy orientadoras las palabras de Joseph Ratzinger (S. S. Benedicto XVI) en su libro “Jesús de Nazaret”: “En el curso de los siglos, bajo distintas formas, ha existido esa tentación de asegurar la fe a través del poder, y la fe ha corrido el riesgo de ser sofocada precisamente por el abrazo del poder… la fusión entre fe y poder político siempre tiene un precio: la fe se pone al servicio del poder y debe doblegarse a sus criterios”.
No obstante, es importante que los legítimos pastores de la Iglesia presenten algunas orientaciones que iluminen el ejercicio democrático de los fieles católicos, con total independencia de ideologías y de grupos, fundamentados en los valores de la fe cristiana, ya que el voto responsable de todos contribuye a la construcción de un País justo, solidario, fraterno y en paz. Lo más fácil es pretender que “la Iglesia” se quede en las sacristías de los templos, y que por tanto no opine sobre los temas más candentes de la actualidad, lo que sería claudicar a su deber de contribuir a la edificación de la Patria que todos soñamos y que nunca sebe olvidar sus profundas raíces cristianas. Eso sí, desde la fe, hay una certeza, enseñada por el mencionado autor: “No se puede gobernar la historia con meras estructuras materiales, prescindiendo de Dios. Si el corazón del hombre no es bueno, ninguna otra cosa puede llegar a ser buena. Y la bondad del corazón sólo puede venir de Aquél que es la Bondad misma, el bien”. Quienes buscamos seguir a Cristo, sabemos que ante las circunstancias difíciles de Colombia “el desaliento y la desesperación son pecados, y además origen de los pecados” (Jürgen Moltmann) y por tanto hemos de buscar los medios acordes con el Evangelio de Jesucristo, que nos lleven a contribuir a la instauración de un orden más justo, ya que, sin lugar a dudas, la raíz profunda de todo malestar social es la injusticia, originada en el corazón humano por su decisión de vivir lejos de Dios y sus mandatos.
“Sacar” al ser Divino del mundo de la política, y por ende, de otras dimensiones de la vida humana, es un grave error, ya que “no suele ser ciertamente la pobreza, la lucha diaria, las privaciones de la vida las que nos conducen a olvidarnos de Dios, como no son generalmente las que originan la violencia. Es el olvido del Creador y de sus leyes, lo que tiene en jaque y en gravísima encrucijada a la humanidad” (Roberto M. Tisnés. CMF). Se necesitan, hoy más que nunca, candidatos laicos católicos, convencidos de la necesidad de ser “presencia” de Cristo, “presencia” de Iglesia, en el campo de la política auténtica, es decir, bautizados conscientes de las Palabras del Maestro: «Ustedes son la sal de la tierra… ustedes son la luz del mundo» (Mt 5,13.14).
Por todo esto, es muy iluminador que conozcamos – tanto electores como candidatos – el Mensaje de los obispos a los fieles católicos colombianos, del 26 de septiembre del año en curso, que tiene como título: “ELECCIONES RESPONSABLES AL SERVICIO DEL BIEN COMÚN”, y en el que nos expresan sus orientaciones, pidiéndonos: votar por quienes tengan las capacidades para responder a las necesidades y problemáticas más urgentes del país. Conocer bien los programas que proponen, sus planes de gobierno y de desarrollo, que deben garantizar la inclusión social y la erradicación de la pobreza, con el fin de avanzar en la superación de las causas de los conflictos y de la violencia armada. Además, nos hacen un llamado a estar atentos al empeño que demuestran los candidatos en la búsqueda del bien común y la firme resolución de luchar contra toda forma de corrupción, su compromiso con la reparación a las víctimas y la restitución de tierras, en un horizonte de reconciliación, así como en la independencia que demuestren frente a los intereses y presiones de los grupos al margen de la ley. Nos exhortan a votar en conciencia, a asumir una actitud de valerosa libertad frente a la propaganda, en ocasiones engañosa, y sobre todo esperan que el voto sea ejercido con honestidad, superando vicios y delitos electorales, como el abstencionismo, la compra y la venta de votos, el trasteo de votos y de votantes, y la suplantación de sufragantes. Pidamos a Jesucristo, Señor y centro de la historia, que la Jornada electoral que se avecina, se convierta en una verdadera “fiesta democrática”, en beneficio de todos los colombianos. Además, recordemos las palabras del Beato Papa Juan Pablo II: «los fieles laicos de ningún modo pueden renunciar a la participación en la política… destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común» (ChL, 42).
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