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LA GUILLOTINA Y EL MICRÓFONO

El lunes 3 abril, 2017 a las 9:52 am

Gracias a la prensa seria conocemos a las mafias (o mafiosos) que han cooptado a funcionarios públicos para convertirlos en delincuentes. Contratistas ambiciosos que han podrido el Estado y corrompido el honor de sus empleados destruyendo la intención de servicio público de muchos hombres y mujeres; o viceversa, conocemos las denuncias a delincuentes camuflados de funcionarios públicos sin otra vocación que robarle al Estado.

El problema se da cuando desde la prensa se nos vende la idea de que todos los funcionarios públicos son sospechosos y corruptos. Generalización que falsea la verdad y destruye el honor de todas las personas que trabajan con el gobierno. Afirmación que desconoce la labor de muchos funcionarios buenos y correctos que se parten el lomo por servir a su país, a su gobierno, y a la gente.

Porque aunque no lo crea, y aunque alguna prensa generalice, en todas las instancias de gobierno hay gente dedicada y con vocación de servicio público. Gente que se educó para llegar a esos puestos con disposición de trabajar por un país mejor. Pero a causa de ese desprestigio, muchos profesionales prefieren irse del país que trabajar para un gobierno desacreditado.

¿Pero de donde nace el desprestigio de los funcionarios del Estado?

Mucho del problema se debe con certeza a la debilidad de ciertos funcionarios frente a las prebendas que ofrecen los carteles de mafiosos bajo el falso nombre de contratistas; pero otro tanto se debe a los funcionarios de los entes de control (sin control) que quieren mojar prensa todos los días a costa de lo que sea, incluso, dañando el buen nombre y la imagen de las instituciones del propio Estado.

Me refiero a los líderes de la Fiscalía, la Contraloría, la Procuraduría (las ÍAS que llaman), que se han dedicado a invertir más en equipos de prensa que en equipos de investigación, desvelados más por figurar en medios que por realizar verdaderas investigaciones.

Y si bien esos cargos son antesala para la presidencia de la república, muchos colombianos tenemos la sensación de que sus oficinas -que debieran estar dedicadas al serio control fiscal del Estado-, se han travestido en sedes para campañas políticas y a la organización de fortines burocráticos, y se han olvidado del cumplimiento de sus funciones de acuerdo a la constitución nacional.

Ese contubernio entre IAS y prensa para las denuncias diarias a través de shows mediáticos, que a simple vista parece loable para desenmascarar a los corruptos, no es tan bueno cuando la prensa es manipulada y pagada para hacerle el juego a la figuración de “los presidenciables”, o para dedicarse a enlodar el prestigio de algunos funcionarios en las regiones por hacer parte de bandos políticos diferentes sin mayores pruebas, o por chichiguas que parten y terminan en chismes de poca monta.

Creo que la función pública merece respeto, que los funcionarios públicos merecen respeto, que el Estado mismo merece respeto, y jugar a desprestigiarla con fines mezquinos y políticos usando a una prensa manipulable y necesitada de ingresos publicitarios no es bueno para nadie y debería terminar. Y que los entes de control, que en ley deberían rondar al Estado para preservar su buen nombre, estén convertidos en fortines políticos para desprestigiar a los funcionarios del mismo Estado, no es sano para el país, ni debería continuar.

Y cuando la prensa es manipulada o cooptada por contratos publicitarios -para que diga lo que ciertos manipuladores quieren que diga-, esa prensa termina peor que la justicia coja y ciega, termina prostituida y desvalorizada.

Queremos una prensa seria, unas instituciones serias.

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