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La guerra y el neoliberalismo la mejor alternativa

El viernes 16 octubre, 2015 a las 2:02 pm
Jorge Muñoz Fernández - Mateo Malahora

Mateo Malahora mateo.malahora@gmail.com

No acudo a colocarle comillas al título de esta columna porque esa es la expresión privada y pública de quienes en los altos círculos del poder mundial consideran que, por sus altos beneficios económicos, la guerra y el neoliberalismo constituyen la mejor opción para el desarrollo del planeta.

La guerra, para el mantenimiento del poder, es considerada como una forma violenta ineludible, por razones históricas, para resolver los antagonismos entre Estados, grupos de oposición acérrimos, fanáticos o fundamentalistas.

Visto así el paisaje y el horizonte conflictivo de las sociedades, consideradas como escenarios para consolidar mercados, se requiere justificar los conflictos bélicos y para legitimar el panorama se necesitan instrumentos capaces que acrediten moral y políticamente las cruzadas para la imposición de la paz mediante el exterminio del otro y, naturalmente, la elaboración de la imagen del enemigo se deja en manos de los medios de comunicación que pertenecen a los grandes conglomerados económicos mundiales.

Montañas de libros, revistas, infinidad de foros, miles de columnistas, avezados hombres y mujeres de la radio, voces de mandatarios y ex mandatarios magnifican la imagen del enemigo y consideran obtusos y hasta ineptos y tarados a quienes creen en las doctrinas de la no violencia y la solución pacifica de los conflictos, cualquiera que sea su naturaleza.

No están muy lejos los tiempos en que las grandes potencias, naciones desarrolladas, como placenteramente les llaman los politólogos e intelectuales proclives al neoliberalismo, en que las potencias mundiales se dividieron los países y sus mercados para recuperarle al mundo su gloria perdida.

En ese camino, para justificar el neoliberalismo como la mejor alternativa para la convivencia humana, leemos a los expertos en el mantenimiento del confusionismo económico y las teorías del orden social que difunden los emprendedores y operarios que justifican el modelo de desarrollo vigente y hallamos expresiones ideológicas como las siguientes:

Para disminuir el gasto público, gastos estatales de funcionamiento, hay que acudir a la tercerización o contratación de mejores empresas privadas que por su prestigio prestan mejores servicios que los ofertados por el Estado que es mal administrador y corrupto.

La economía de un municipio, de un departamento, de una nación estará en manos de empresas o corporaciones privadas porque ofrecen mejores productos y servicios, argumentando que sus iniciativas son superiores a las iniciativas del sector público y en esa dirección las empresas privadas, que son competitivas, podrán superar las deficiencias del Estado.

Todavía los mandatarios o gobernantes cuando justifican la entrega a particulares de los servicios públicos hacen simplemente las tareas dejadas por los economistas del siglo XVIII para el advenimiento feliz de la “riqueza de las naciones”, en tanto que hoy los pobres del mundo aumentan vertiginosamente, mientras el poder financiero se acumula en un punado de magnates en el mundo que van hasta por el agua de Marte.

Y, naturalmente, el neoliberalismo es atractivo para los terrícolas que están ávidos de bienestar fugaz, tanto más porque sus pilares conceptuales se levantan sobre la libertad de las personas, como el medio insustituible para desbloquear la pobreza y lograr la comodidad, la dicha y la fortuna, que no está muy distante de las imágenes que nos ofrece un celular.

Fuera del neoliberalismo, lo proclaman los propietarios de la economía mundial, no hay salvación; el confort, la abundancia, la tranquilidad, la buena suerte, la paz y el desarrollo social se alcanzan si elegimos y apoyamos mandatarios neoliberales y, sobretodo, si defendemos pactos neoliberales; al margen de la economía neoliberal sólo queda la desdicha.

Por eso produce hilaridad cuando aún se habla de países en vía de desarrollo o del Tercer Mundo, cuando es incuestionable que los países desarrollados -capitalismo avanzado- garantizan, o por lo menos tratan, de asegurar a su población la satisfacción de sus necesidades básicas, mientras que los países objeto de las políticas neoliberales no lo conseguirán a ningún precio, si no modifican su posición subalterna frente al poder financiero multilateral.

Neoliberalismo y guerra hacen parte de la ideología, pues se difunde la creencia de que la mejor sociedad es la que permite la libre competencia, sin limitaciones constitucionales o legales anti monopólicas, y que es, incluso, moralmente lícito, acudir a la guerra para lograr el bienestar.

Infortunadamente nuestros municipios, nuestras regiones, cuando intervienen en el libre juego del mercado, juegan la vida de los pueblos, donde siempre tendrán las de perder porque los estrategas de los negocios juegan con cartas marcadas.

Mientras tanto, que haya ideologías conservadoras que defiendan la guerra es entendible, pero que el liberalismo colombiano calle ante las políticas neoliberales, produce vergüenza. Hasta pronto.

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