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La gran batalla la anunciaron las mujeres

El jueves 26 marzo, 2015 a las 9:47 am

Ayer en un andén del barrio de Las Aguas de Bogotá me encontré las “Memorias de un abanderado”, del escritor y pintor del siglo XIX José María Espinosa. Editado en el 71 volumen 15, por el Banco Popular.

Armando Orozco Tovar

Armando Orozco Tovar

Son crónicas amezquindadas por que la ignorancia, determinantes que esta clase de textos de la historia colombiana sean ninguneados, (ignorados a propósito) no tanto por la generalidad de las personas en su mayoría analfabetas, sino por profesores que tienen estudiantes a su cargo.

Qué raro que un banco publicara esta clase de libros donde hay verdaderas joyas como los de Alberto Miramón, Miguel Triana, Manuel Ancizar, y el de José María Espinosa con su prosa de periodística, con frases: “verdaderas, sencillas y explicativas”. Asombrado, que un banco, que está encargado de engordar sus arcas contribuyera a difundir cultura y no a convertirla en mercancía.

Espinoza en sus “Memorias de un abanderado,” con subtítulo: “Recuerdos de la Patria Boba, 1910-1919”. Narra con su retentiva de 60 años, que en su época eran muchos más, los acontecimientos de aquellos momentos del Grito de Independencia, relatando las primeras batallas como la de El Palo donde participó con sus 18 años…

“Decisiva, dice Arciniegas el prologuista del libro, para la independencia de Cundinamarca, porque allí quedaron rotas las tenazas que manejaban los de España desde Bogotá para estrangular los restos del ejército de Nariño desventurado”.

Independencia de Colombia

En El Palo, el pintor se lució de retratos de héroes y caricaturas de locos. Y en sus memorias destaca el papel de las mujeres del pueblo, siempre estuvieron y han estado en las fuerzas insurgentes y sociales luchando con arrojo, valentía, sin prisa y sin pausa por sus derechos. En esta crónica José María Espinoza, escribe una de las que conforman las ‘Memorias de la batalla de El Palo’, que narra en detalle:

“Nos preparábamos a entrar en combate, cuando una de las voluntarias que estaban a la orilla del río Palo, preparando alimentos para los soldados, vino corriendo y gritando: ¡General Serviez! ¡El ejército está cortado! ¡Viene gente por la espalda!”. Una partida de 200 hombres, se dirigía a nosotros… Llegó por fin la hora de la pelea: Al toque de marcha avanzamos divididas en tres columnas… Se rompió fuego de una… sentía silbar las balas por sobre la cabeza: y muchas veces el ruido que hacían al rasgar la bandera, la cual acabó por volverse trizas aquel día”. “La gran batalla la anunciaron las mujeres, que acompañan al ejército”.

En otra crónica relata la entrada de Bolívar a Santa Fe de Bogotá, después de la batalla de Boyacá aquel 7 de agosto de 1819, contando como Hermógenes Maza, observó a un jinete solitario entrando a la oscura aldea y le gritó: “¡Alto ahí! ¡Quién vive! Y que el desconocido no hizo caso, siguiendo adelante con su uniforme de grana rota lleno de manchas por todas partes y la casaca pegada a las carnes pues ni traía camisa”.

El general bogotano de mil batallas de inmediato enristró su lanza hacia Bolívar, quien le dijo: “Soy yo no sea pendejo”… Añadiendo yo que casi por su odio a los godos, pasa al Libertador al papayo.

Cuenta que Simón Bolívar venía solo por haber dejado su escolta bien atrás en el Puente del Común y que Maza con su hermano lo acompañaron hasta la plaza de la catedral, que hoy lleva el nombre.

Nota:

(Recuerdan estas crónicas a las del Che en sus “Pasajes de la guerra revolucionaria”. La titulada Alegría de Pio).

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