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LA “FIEBRE AMARILLA” Y SUS CONSECUENCIAS

El miércoles 25 junio, 2014 a las 5:51 pm

Crepitaciones

Dos noticias nacionales, muy relacionadas entre sí, de indudable importancia histórica y social, están copando por estos días el interés de nuestro país, ávido por un cambio completo en su esquema rutinario de vida republicana: la primera, de tipo deportivo, cuando nuestra Selección Colombia en el Campeonato Mundial de Fútbol del Brasil 2014, nos está haciendo quedar muy bien con lujo de detalles en el certamen orbital, después de un largo ayuno deportivo de 16 años, pasando a los octavos de final y quedando ya entre los mejores 16 equipos mundiales de fútbol. La segunda, de tipo político, ocurrió el pasado domingo 15 de junio del presente año, un día después del inicio del Campeonato Mundial, cuando Colombia ganó su primer partido ante Grecia, al ser reelegido el candidato presidente Juan Manuel Santos, con su bandera de la paz, para el siguiente cuatrienio 2014-2018, en lo que se ha llamado “el mandato popular de la paz”, cuando cerca de 8 millones de colombianos a una sola voz, gritamos a todo el mundo nuestro anhelo represado por más de 50 años, para que se ponga fin al conflicto.

Ambas noticias debieran promover el jolgorio popular y la alegría del pueblo, en su máxima expresión. En especial el deporte, cualquier deporte, el cual exalta la felicidad de los habitantes de un país, al conseguir las metas propuestas, los trofeos, el reconocimiento, tal como ha sucedido con el ciclismo, el atletismo, el patinaje y otros, en el caso colombiano, mas no así con el fútbol, el cual ha desbordado en algunos casos esa alegría hacia los terrenos de lo no permitido, la destrucción, el vandalismo, el abuso del licor, los accidentes de tránsito, las balas perdidas, el abuso de la carioca y por último, la muerte. No es sino colocar el espejo retrovisor hacia el campeonato oficial del fútbol colombiano, para recordar los tristes antecedentes de las barras bravas y sus funestas consecuencias, cuando no se saben manejar esas emociones deportivas que llegan hasta el paroxismo, en contra de los demás.

Precisamente el buen desempeño de la Selección Colombia, ha producido una alegría nacional generalizada, denominada “la fiebre amarilla”, sana en algunas partes, pero preocupante en otras, hasta tal punto que el ministro del Interior, llegó a declarar que era absurdo que por cada gol “hubiese un muerto” y ordenó implementar las medidas del caso, para tratar de controlar algunos desmanes. Los colombianos debemos aprender a celebrar con civismo los triunfos, sin el licor de por medio y sin las carreras desaforadas de los motociclistas. Mientras tanto, acompañemos con el corazón a nuestra Selección: se lo merece. ¡Viva Colombia y la paz!

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