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Viernes, 26 de abril de 2019. Última actualización: Hoy

La feria internacional del libro de Cali

El jueves 25 octubre, 2018 a las 9:13 am
MEDIOCRES PARA SOÑAR

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy Otras publicaciones de este autor en: https://www.proclamadelcauca.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/leopoldo-de-quevedo-y-monroy/

La Feria Internacional del Libro de Cali

La Feria Internacional del Libro de Cali

He ido ya por segunda vez a disfrutar del contacto y el ambiente que se crea en una Feria Internacional del Libro. Viene el público a encontrarse y contactar autores, párrafos e ideas.  Muchos quieren entrar a los libros y pasar de los ojos a degustar el genio de quienes escribieron todo ese cúmulo de libros exhibidos.

En más de cinco carpas largas y lugares cubiertos he visto – como no lo había percibido en años anteriores, – ríos de parejas, profesores con alumnos y gente del común queriendo saber cómo es el mundo de los libros. Porque ir a una feria de libros es ir a leer títulos, a tomar en las manos alguno. Alguno puede colmar el interés por su título o tema o por la fama del escritor. Quien va a la Feria es por gusto, porque hay descuentos y porque con seguridad volverá a casa con uno o varios ejemplares que llenaron sus expectativas.

Vi caras amigas, gente anónima que entraba y salía a mirar, a preguntar, a hojear libro tras libro. Los encargados de información y ventas con paciencia explicaban y promocionaban los libros a su cuidado. Vi curiosidad, interés, emoción en los visitantes y presencié cómo se mueve este mercado de ilusiones y fábulas y escuelas de pensamiento en cada una de las ramas del saber humano.

Si hay alguna feria internacional es esta de los libros. Vi a pensadores griegos, italianos, argentinos, franceses, estadounidenses, ingleses, rumanos, peruanos, chilenos. Y el menú de escritura era diverso. Había libros de cuentos, fábulas, poesía, ensayo, historia, culinaria, novela, arquitectura, diseño, política, derecho, economía, urbanismo.

No perderá el tiempo quien se acerque ávido de curiosidad a buscar los autores de su preferencia, novedades en su área, libros antiguos, o de autores de determinada nación. Seguramente en uno o el otro pabellón o carpa encontrará lo que desee. Alguien irá por mera curiosidad y le pasará lo del gato. Morirá en el intento. Encontrará la trampa y le tocará echar la mano al bolsillo pues encontró al fin lo que buscaba.

Sí. El Libro está feriándose. Está llamando desde las carpas a los futuros lectores. A los consuetudinarios, a los que caen rápido en sus redes de curiosidad y del deseo. A los curiosos: por el título, el tema o la primera hojeada o por el autor.

Para quien ama leer, el libro es un fetiche que llama. Cae en sus manos, se arremolina en el sofá y se regodea con letras, párrafos, imágenes y escenas. El libro no lo dice todo. Deja campo a la imaginación que lo completa. De pronto lo suelta, se ríe y, tal vez, a carcajadas, completa la escena que faltaba en la línea.

Al lector le hace falta el libro y viceversa. Una vez quien compró el ejemplar, lo acaricia luego y le hojea, lee sin leer y voltea las páginas. Mira títulos, lee dos líneas y se ríe en silencio en complicidad con el autor o la autora. O con la protagonista o se lee toda la descripción de la escena…

24-10-18                                                 5:50 p.m.

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