Martes, 21 de marzo de 2023. Última actualización: Hoy

La feria de las vanidades (1)

El miércoles 8 marzo, 2023 a las 4:25 pm
La feria de las vanidades (1)
La feria de las vanidades (1)

La feria de las vanidades (1): Novela sin héroe

Donaldo Mendoza

Empiezo la reseña con una información pertinente: el título secundario, “novela sin héroe”, acompaña la obra desde el origen. En efecto, William M. Thackeray (Inglaterra, 1811 – 1863) sugiere desde el principio que su extensa novela (950 pp.) no responde ya a la idealización del texto romántico, sino a «hechos y personajes de la comedia doméstica». Es decir, el mundo (como la novela) es un espejo que le devuelve a cada individuo el reflejo de su propio rostro.  

La feria de las vanidades (1847 / 1848) fue publicada en el periodo que el historiador Arnold Hauser llama “de la novela social moderna”, que va de 1830 a 1850, “en tiempos de revolución” e irrupción de la burguesía. En tanto que en lo cultural, el arte y la literatura abanderan “la emancipación frente a los dogmas de la Iglesia y la dictadura del gusto”, en rezagos de monarquías y títulos de nobleza aún existentes y que en la novela son objeto de áspera crítica a través del humor, en sus formas de sátira, ironía, parodia, caricatura, sarcasmo…: «La sangre lo es todo, señor, en los caballos, en los perros y en los hombres.» «La condesa de Schlüsselback, una vieja dama jorobada, aunque con más sangre azul que nadie».

   El título de la novela tiene su inspiración en el libro Eclesiastés, un extraño texto bíblico brotado de ecuménicas sabidurías. Que el autor de ‘Vanidades’ aprovecha para sus ambiciosos propósitos, en razón de que son muchos los temas que aborda. El espacio físico de la obra es, en efecto, un surtido almacén, en virtud de que lo que allí se describe es una metafórica feria de vanidades, en donde todo sucede como «un foro vacío, de malicia y estupidez, plagado de toda clase de farsantes, traiciones y pretensiones», y «…cada cual a su estilo ejemplificaba las vanidades de esta vida».

En su rol de observador de la naturaleza humana, el novelista, en su alter ego del narrador, describe conductas que laceran esa condición de ser humano: la vanidad, la envidia, la estupidez, el egoísmo, y otros. Hay que precisar que no es novela moralizante, dado que mantiene el equilibrio ambivalente de tragedia y comedia en que se balancea la vida. Con esa salvedad, transcribo un breve texto, a fin de ofrecer al lector una muestra del estilo –claro y fluido– de este avisado escritor, quien reconoce «que la narración puede [a veces] resultar insufriblemente tediosa a menos que la anime algún incidente alegre o humorístico». El texto que transcribo no es humorístico, pero sí anima.

Sobre el EGOÍSMO. «De todos los vicios que degradan al hombre, el Egoísmo es el más odioso y despreciable. Un excesivo amor hacia uno mismo nos hace caer en el más monstruoso de los pecados y provoca las mayores desgracias en Estados y Familias. Al igual que el hombre egoísta empobrecerá a su familia y a menudo le traerá la ruina, un monarca egoísta arruinará a su pueblo y a buen seguro le arrastrará a la guerra. (…) No solo debemos pensar en nuestro propio interés y ambición, sino tener en cuenta los de los demás, como si de los nuestros se tratara».

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