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Jueves, 22 de abril de 2021. Última actualización: Hoy

LA EXCUSITIS EN EL PAÍS DEL NO

El jueves 4 marzo, 2021 a las 6:07 am
LA EXCUSITIS EN EL PAÍS DEL NO

LA EXCUSITIS EN EL PAÍS DEL NO

LA EXCUSITIS EN EL PAÍS DEL NO

CREPITACIONES 2021

Muchos columnistas, escritores e historiadores de Colombia, han bautizado AHORA a nuestra bella y hermosa patria grande, donde nos tocó nacer en buena hora, como EL PAÍS DEL N0, entre ellos el bogotano Ricardo Silva Romero, el famoso autor de las novelas “Río Muerto” y “La historia oficial del amor”, las cuales, recomiendo especialmente a ojos cerrados, al igual que sus columnas semanales de los viernes publicada en el periódico El Tiempo. Esa denominación de ahora, se une a otros nombres que ya quedaron grabadas en nuestro inconsciente colectivo y que son imprescindibles para acordarnos al instante como, por ejemplo: “el país del sagrado corazón de Jesús”, “la Patria Boba”, y otros que se me escapan por ahora.

Personalmente estoy de acuerdo con el nombre de hoy en día, porque es el único país del mundo que despreció una oportunidad de oro que tuvo en su historia para cambiar de rumbo totalmente y dirigirse de una a otro destino que se merecía por haber transitado un destino anterior oscuro, siniestro, fatídico y violento de más de 50 años, desde 1964, y que finalizó el 26 de septiembre de 2016 en Cartagena, con la firma histórica del acuerdo de Paz de La Habana. Entonces apareció en escena  un instigador profesional, enemigo acérrimo de la paz colombiana llamado Álvaro Uribe Vélez, quien aprovechó la fecha propuesta del 2 de octubre /16 (día del plebiscito nacional para refrendar ante los colombianos el mencionado acuerdo) y boicotearlo a su modo, usando toda una artillería ideológica y propaganda del miedo castrochavista y parecidas, al estilo de Joseph Paul Goebbels, ministro de Propaganda e Información de Hitler, convenciendo a muchos colombianos para no aceptar el acuerdo y sus bondades de paz.

De esta manera, el saboteo uribista logró que el 50, 2% de los votantes aceptaran el NO al acuerdo de La Habana y únicamente el 49, 7% el SÍ, siendo una sorpresa total para los colombianos, una zozobra generalizada y una incertidumbre total reinó en Colombia desde entonces, hasta el sol de hoy. Esa fecha del 2 de octubre /16, desde entonces se convirtió en un día de luto nacional. Sin embargo, no entiendo cómo esas estrategias desplegadas desde esa fecha nefasta, estaban tan bien cimentadas y aceitadas que lograron colocar en el 2018 a un sub presidente, a un títere, llamado Iván Duque, quien sigue al pie de la letra las directrices uribistas sin salirse un milímetro, no cumpliendo para nada con los 6 puntos fundamentales del acuerdo de paz, empecinado en llevar la contraria a los mismos. Y lo peor de todo, ahora adolece de EXCUSITIS para todos los problemas colombianos, por ejemplo: le echa la culpa al microtráfico de la falta de progreso en Buenaventura, en vez de presentar proyectos de inversión social en el puerto, cambia las estadísticas para su conveniencia, por ejemplo afirma que en el 2020 solamente habla de 62 asesinatos de líderes sociales para su conveniencia y según INDEPAZ, fueron 182 y la última, en vez de cumplir con el punto 1 del acuerdo, desarrollo agrario integral, con inversión en el campo colombiano, está que aplica la aspersión del peligroso glifosato, invocando la lucha contra el tráfico (la consabida excusa).

Mientras subsistan las condiciones del Gobierno actual, demasiado inepto, nunca saldremos de la encrucijada, esperando que, en el 2022, surja una coalición política que nos saque del ostracismo.   

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EL PODER DE LA VERDAD EN LA JEP
Imagen: https://www.youtube.com/watch?v=9KaXa6C5fzU

CREPITACIONES 2021

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EL PODER DE LA VERDAD EN LA JEP

Contra viento y marea, contra todos los pronósticos habidos y por haber, contra las zancadillas e intrigas de algunos sectores políticos entre ellos los del Centro Democrático (que no lo es de verdad, apenas el nombre), principal impulsador del fatídico NO del plebiscito en contra del Acuerdo de Paz de La Habana del 2016, el cual “hizo perder el alma a Colombia”, según algunos, la JEP, acrónimo de Jurisdicción Especial para la Paz, llamada también Justicia Especial de la Paz, en su pasada decisión del llamado Caso 01 denominado “Toma de rehenes y graves privaciones de la libertad cometidas por las Farc-EP”, y no “retención ilegal de personas por parte de las Farc”, como pretendían los del secretariado del mismo grupo desmovilizado, hizo recobrar el poder de la verdad y la paz en Colombia, fortaleciendo tanto el mismo acuerdo histórico y decisivo, como ese mecanismo especial de justicia transicional, llamado Sistema Integral de verdad, justicia, reparación y no repetición, que incluye la Jurisdicción Especial para la Paz, incluido en el punto temático 5, llamado Acuerdo sobre las Víctimas del Conflicto.

Dada la importancia y la trascendencia de esa decisión histórica, es bueno, justo y necesario, comentar y recordar los prolegómenos de la misma. Desde su aprobación el 23 de septiembre / 15, y luego vigente desde marzo / 17, cuando fue aprobada por el Senado, con una duración de 20 años (hasta 2037), la JEP es un componente de justicia transicional, apuntalado por los 4 principios ya comentados antes. Siguiendo con la puesta en práctica de la misma, ante la presencia física de 7 exjefes de la guerrilla, escucharon atentamente los hechos detallados de ese delito atroz del secuestro, que tanto daño hizo a las familias colombianas, contenidos en 322 páginas ante la Sala de Reconocimiento de la JEP, presidida por Eduardo Cifuentes y los respectivos magistrados, leídos por la magistrada Julieta Lemaitre. Los exguerrilleros presentes fueron: Rodrigo Londoño, Pablo Catatumbo, Pastor Alape, Milton de Jesús Toncel, Julián Gallo, Jaime Alberto Parval, Rodrigo Granda. La parte fundamental de la acusación expresaba que ellos con el secuestro lo practicaban como “una política que consistía en la privacidad de la libertad indiscriminada en búsqueda de dinero para financiar la organización armada y el asesinato y la desaparición forzada como las consecuencias posibles por la falta de pago”. Los cuatro actos de la audiencia: la presencia física de los inculpados, los magistrados y su plana mayor, la acusación verdadera y todo un país como testigo, formaron un acto único de expiación, cambio y conversión, y la prueba indiscutible que nos demuestra que la verdad empieza a reinar en Colombia, gracias a la JEP.

Con el Caso 01 y los que aún faltan, el Acuerdo de Paz tomó un segundo aire y se robusteció en grado sumo, ganando la confianza de los colombianos de bien, a pesar de los dardos envenenados y las puyas constantes que Uribe y sus secuaces le lanzan para desprestigiarlo.

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