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La efímera libertad de expresión

El martes 23 febrero, 2016 a las 8:36 pm
Hemberth Javith Paz Gómez

Hemberth Javith Paz Gómez

Meterse en los vericuetos del gaseoso derecho a la libertad de expresión y sus derivados como el de prensa, es como ahondar en la desviación de la personalidad y el carácter del hombre, sin determinar, si corresponde a la voluntad o a genes, porque aún los psicólogos no determinan si es disfunción de la naturaleza o ausencia de hormonas masculinas o femeninas causando desviación de la identidad con el sexo físico que le corresponde por naturaleza al individuo. O es hombre o es mujer no término medio.

Si se mira la ley de prensa frente a los medios donde se desempeña el periodista, priman la posición dominante y los intereses económicos, sociales y familiares del dueño y el Estado no tiene mayor acción para garantizar los postulados del Artículo 73 en concordancia con el 20 de la Constitución Nacional, donde se protegen de una parte “la actividad periodística, la cual gozará de protección para garantizar su libertad e independencia profesional” y por la otra parte, “Se garantiza a toda persona (no solamente a los periodistas), la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones”… Entre estos dos preceptos constitucionales camina la actividad periodística y preguntamos entonces ¿qué prevalece? Ante los escándalos que han tumbado altos funcionarios públicos por acoso sexual y otros hechos que se erigen entre la moral, que aún prevalece en la sociedad y el pueblo colombiano, están de por medio los artículos 13, 15 y 16 de la C. N. que garantizan a las personas nacer libres e iguales ante la ley gozando de los mismos derechos, libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, etc.; el derecho que tienen las personas a su intimidad personal y familiar y a su buen nombre y que el Estado debe respetarlos y hacerlos respetar y en tercer lugar, “Todas las personas tienen derecho al libre desarrollo de la personalidad”.

Como periodistas debemos navegar por entre las olas de este mar de garantías constitucionales, como son la libertad e igualdad ante la ley, la intimidad y la personalidad del individuo. Así la libertad de prensa es un derecho que se mueve entre la libertad e independencia profesional y el respeto a la intimidad y a lo que cada cual haga, que no sea delito y dependa de su conducta moral, si es que se la han inculcado y a la personalidad si los progenitores se la forjaron recta.

Dos cabezas de periodistas han rodado estos días en la Nación y en el Cauca cobradas por medios al meterse en asuntos íntimos, personales y de fuero individual… Vicky Dávila de la FM RCN Radio y Paulo Emilio Roldán, concesionario de Cablecauca, cuyo espacio “Ánimo Popayán” le fue arrebatado atentando contra su derecho al trabajo y a la libertad de opinión por emitir en uno de sus arranques, expresiones críticas contra parientes y afines del director del medio.

Estos son hechos que merecen profundo debate, claridad y sobretodo acciones para que se delimiten debidamente los campos del fuero periodístico y del fuero íntimo de las personas, teniendo como balanza de justicia, la moral, como la infundió Sócrates, quien murió envenenado bebiendo obligado la cicuta, acusado de pervertir la juventud, legándonos enseñanzas para la convivencia social basada en el ejemplo y el respeto a  la dignidad, blindada de los derechos natural y positivo.

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