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La Cumbre Agraria

El lunes 13 junio, 2016 a las 3:04 pm
Felipe Solarte Nates

Por: Felipe Solarte Nates

Cuando algunos temíamos que iba de largo, después de la muerte de tres indígenas participantes en las marchas (uno en el Valle y dos en el Cauca), numerosos heridos entre los miles de movilizados y policías del Esmad, afortunadamente terminó el bloqueo a la Panamericana después de que voceros del gobierno nacional encabezados, por el ministro del Interior, José Fernando Cristo, y dirigentes de la Cumbre Agraria, reunidos en Santander de Quilichao y en La María, Piendamó, se pusieron de acuerdo en puntos mínimos para retomar la agenda principal de negociaciones, el 17 de junio, en Bogotá.

Y es que a diferencia de anteriores bloqueos a la carretera Panamericana entre Cali y Popayán, esta vez no fueron sólo los indígenas exigiendo cumplimiento de compromisos firmados por el gobierno desde el siglo pasado y con los cuales el gobierno del presidente Santos, a través del Consejo Regional Indígena del Cauca, Cric, desde hace dos años tiene interlocución permanente. Esta vez se les unieron el Congreso de los Pueblos, la Marcha Patriótica, el Proceso de Unidad Popular del Suroccidente PUPSOC, organizaciones de comunidades afros y de la Asociación de Consejos Comunitarios del Norte del Cauca, ACONC, que en el pliego de negociaciones coincidieron en puntos como: “la lucha contra la política minero-energética, la protección de ecosistemas estratégicos, el reconocimiento cultural del campesinado y el rescate de la economía propia y popular y la exigibilidad del cumplimiento de acuerdos firmados con campesinos, indígenas, afrocolombianos y sectores urbanos, la mayoría de los cuales no han tenido desarrollos, constituyéndose en una deuda del Estado colombiano con el departamento del Cauca”.

De ahí la dificultad de ponerse de acuerdo entre delegados de los movilizados en la Minga y del gobierno nacional, lo que llevó a que para terminar el paro, inicialmente sólo negociaran con los indígenas reunidos en La María, -“intentando dividirlos”-, según dirigentes campesinos, pero desconociendo las peticiones de las otras organizaciones, lo que determinó el incumplimiento del desbloqueo en tres ocasiones, hasta que en Quinamayó y Santander de Quilichao, el gobierno acordó dialogar con dirigentes de la totalidad de organizaciones participantes en la Minga, para prolongar indefinidamente la apertura de la carretera, inicialmente pactada por 36 horas, (¿Quién sabe hasta cuándo? Y ojalá sea después de construida la doble calzada Popayán-Quilichao), mediante acuerdo logrado en la alcaldía de Santander, desde el domingo 12 de junio.

Las multimillonarias pérdidas económicas, la escasez, carestía de víveres, drogas y gran cantidad de productos, la inmovilización de vehículos de carga, pasajeros y enfermos, registradas en la ciudad y comunidades del suroccidente colombiano afectadas por el movimiento, revivieron las incomodidades y temores que como un fantasma recurrente se aparece en Popayán, emblemática ciudad histórica, que en el pasado fue real centro de poder económico, político y religioso del suroccidente colombiano y su clase dirigente que habitaba el centro de la ciudad, influyó en los destinos del país; pero que en el presente, de las riquezas, influyentes líderes políticos, intelectuales y terratenientes que la habitaron y se fueron para la ‘otra vida’ o ciudades como Cali y Bogotá, sólo guarda el recuerdo y los antaño lujosos caserones, reconstruidos después del terremoto, hoy están convertidos en oficinas públicas y privadas, sedes de bancos, universidades,  pequeños, medianos comercios, hostales, restaurantes, algunas tiendas de cadena y cacharrerías de todo a mil y a dos mil pesos.

Por la estratégica ubicación geográfica del Cauca, la carencia de vías primarias, secundarias y terciarias, las múltiples carencias que sufren poblaciones aisladas, cada vez más organizadas como los indígenas, afros del sur, norte y costa pacífica y campesinos del Macizo y otras regiones, más la presencia de grupos guerrilleros y bandas criminales asentadas en su territorio y controlando minería ilegal, narcotráfico, entre otros negocios, el territorio caucano es un dinámico laboratorio social decisivo para que cuaje o fracase el proceso de paz. Para resarcir las millonarias pérdidas causadas por los bloqueos a la Panamericana y principalmente por la ausencia secular del Estado sin inversiones en la desperdigada comarca caucana, toda la comunidad departamental debe unirse para exigirle al alto gobierno que cumpla acuerdos pactados con los indígenas y campesinos de la Cumbre Agraria participantes en la Minga y que de los proyectos e inversiones proyectadas para el posconflicto, el Cauca sea uno de los que reciba mayores recursos para obras como vías, acueductos urbanos y rurales, distritos de riego, programas de salud, educación, vivienda, proyectos productivos con asistencia técnica, financiación y mercadeo, y en general, con grandes y bien administradas inversiones que mejoren las condiciones materiales y espirituales de la mayoría de caucanos.

Por lo pronto hay que hacer votos para que respeten la vida y derechos de los movilizados y cumplan los acuerdos pactados para no revivir el fantasma del bloqueo.

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