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LA CULTURA ZOMBI

El lunes 1 febrero, 2016 a las 9:45 am

“De por qué la ficción en muchas ocasiones no supera la realidad”.

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Lic. Silvio Erwin D’Vries Arturo.

En ocasiones la realidad desborda a la ficción y no literalmente, también en sentido figurado.

Muchos conocen el impacto que ha tenido el fenómeno zombi en la televisión, el cine y la novela gráfica. No conozco mucha gente que haya hecho caso omiso a programas como The Walking Dead, o no se haya visto alguna de las películas de muertos vivientes, tanto de los 80´s como las pésimas adaptaciones actuales.

En realidad lo que hacemos al ver este tipo de productos de entretenimiento no es otra cosa que tratar de comprender como un ser humano puede llegar a dejar atrás su naturaleza humana, aquella que te hace un ser social, adaptado y medianamente consecuente con la moral colectiva que impera en la sociedad occidental (al menos para el caso de nosotros).

En fin, el lector, televidente o cinéfilo busca desesperadamente poder encontrar en el horror gráfico, la explicación para un mundo apocalíptico donde muertos re-animados vagan sin rumbo fijo, atacando a quienes se atraviesan por su paso para poder “saciar su necesidad de alimento” y fijando su atención solo en elementos que generen ruido, que llamen su perdida atención. La verdad, este panorama horroroso para muchos y excitante para otros, no está muy lejano a la realidad, es más, muchos ya lo viven en sus contextos.

Para ser más claro, me referiré a algunos casos que comparados con la ficción, dejan mucho que pensar y generan tal vez el mismo temor que estando frente a una pantalla como morboso espectador.

En la sociedad actual, sin haber sufrido ningún apocalíptico derrame toxico o escape viral, se viene presentando un extraño comportamiento en los jóvenes y alguno no tan jóvenes ya, que “sin ninguna explicación” han renunciado a la premisa que reivindica la educación como una herramienta que te garantizara tu futuro, extrañamente y pese a que la educación es el motor que nos ha permitido avanzar en la sociedad, no en el sentido económico egoísta, sino, en el sentido en que muchas de las respuestas a interrogantes esenciales para el ser humano, el avance de la tecnología, la medicina, entre otros, se ha logrado en base a un desarrollo basado en la educación.

Estos jóvenes a los que muchos se refieren como los “nini” (ni estudian- ni trabaja) se han decidido a renunciar a los más esencial del ser humano, su necesidad de aprender, de comprender el mundo y de apropiar un tipo de conocimiento adecuado que les permita lograr la auto suficiencia financiera y social. Muchos de ellos se han entregado a las manos de la tecnología y con ella al facilismo que representa el estar conectado con un mundo surrealista, lleno de imágenes y de estereotipos que muy pocos pueden cumplir, pero que al estar vinculados por estos medios son capaces de percibir lejanamente y anhelan aun sabiendo que la manera de alcanzarlos escape de sus manos.

Se empieza entonces a perder la atención en lo esencial, en la familia, en la comunidad, se empiezan a dejar atrás aquellas cosas que nos definen más como humanos que como otras cosas, se presenta el primer síntoma de la infección que llevará a preferir alejarse de la sociedad real y a deambular con un objeto en la mano que roba toda nuestra atención, haciéndonos insensibles y muchas veces provocando estallidos de euforia, miedo, hambre e insomnio.

Empieza a manifestarse más y más el comportamiento zombi, mirado perdido, sin respuesta a estímulos externos, solo ansiosos por consumir algún tipo de información banal y sin sentido.

Muchos ya con avanzado estado de pérdida de voluntad, motivo de los estereotipos que anhelan alcanzar sin esfuerzo, se abalanzan atacando a las personas que desprevenidas deambulan por las calles provenientes de sus lugares de trabajo u hogares. Les son usurpados sus bienes de manera violenta, caníbal, y como no decirlo cuando se ve a una persona abalanzándose sobre otra para apropiarse de lo que le ha costado esfuerzo conseguir.

La transformación se completa aún más cuando aquellos que están cerca al zombi ignoran su comportamiento y delegan la responsabilidad social de transformación a las instituciones y su control a la policía o a la limpieza social (anti zombis).

Lo cierto es que todos somos responsables de la pandemia, todos hemos ignorado los síntomas que han llevado a que nuestros jóvenes se entreguen a este nefasto brote. La falta de principios en el hogar, la indiferencia de padres y madres, la mirada distante de los colegios y universidades, han logrado que se pierda el contacto social, el que es propio de dos seres humanos, el que genera la confianza de decir “hey todo va a estar bien, pero debes poder de tu parte”, y esto sin dejar atrás la responsabilidad de quienes toman las decisiones de alto nivel, aquellos que con mirada permisiva dan aval a que en nuestro espectro audio visual se nos venda una expectativa fuera de la realidad, que envenena nuestras mentes,  que genera violencia y resentimiento, que niega a los jóvenes la oportunidad de acceder con mayor facilidad a la educación, tan necesaria como vacuna para parar el virus que tiene a tantos jóvenes en las calles sin saber qué camino tomar, deambulando con la mirada perdida y al asecho de otra vida que tomar.

Para finalizar resaltaré, los zombis ya están aquí, están cerca de nosotros, somos responsables directos o indirectos de su transformación por acción u omisión, y en nuestras manos está el aportar a que esta pandemia que amenaza con acabar con nuestra humanidad sea contenida. En adelante, cuando veamos nuestras películas o series favoritas de zombis, tratemos de comparar el comportamiento de estos personajes con el de nuestros semejantes con el fin de reconocer la sintomatología que lleva a que un ser humano se transforme en una criatura desprovista de su humanidad, de su criterio, de su voluntad.

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