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Jueves, 4 de marzo de 2021. Última actualización: Hoy

La cueva de Uribe: un portal a la quinta dimensión

El viernes 12 febrero, 2021 a las 9:37 am
Imagen cortesía de: https://cutt.ly/YkKbyaB

La cueva de Uribe: un portal a la quinta dimensión

La cueva de Uribe: un portal a la quinta dimensión

El patiano Simón Muñoz capturó al sabio Francisco José de Caldas justo en el momento en que se iba a fugar teletransportándose a otra dimensión. Porque allí, en Paispamba, hay una enorme roca que conecta a la Tierra con otros mundos. Y ese día, el sabio, amarrado y de camino a Popayán, le reveló al negro Simón un secreto inimaginable:

—Existen transmundos o universos paralelos que funcionan como gusanos intergalácticos —le contó Caldas—. Que la gente no los vea, no significa que no existan, sino que la curiosidad científica todavía no da para lograrlo.

Y entonces le explicó que muchos de sus inventos los había traído de lugares que están por fuera del espacio-tiempo, porque el cosmos es pentadimensional.

Después, el sabio le habló a Simón del portal sobre las peñas del río Guachicono, lo que hoy conocemos como La cueva de Uribe, en Galíndez:

—Esa cueva fue un lugar sagrado para los indígenas patías, dado que allí entraban y permanecían, por años, quienes iban a gobernar para prepararse como guerreros y sabios. Luego fue un sitio ceremonial de brujos africanos que hicieron ritos, permitiendo a muchos regresar a su África del alma.

Hoy sabemos que más tarde sería como la cueva de Alí Babá, donde se escondieron los bandidos y bandoleros del Patía en la guerra de la Independencia, en la de los Supremos y después de la de los Mil Días.

Estuvo oculta por años, pero en 1932 el ingeniero Enrique Uribe White la descubrió cuando hacía el trazado de la carretera Panamericana entre Popayán y Pasto. Entonces, mientras sus obreros trabajaban, él venía y se adentraba por horas y días.

Se cuchicheaba que el ingeniero la perfeccionó con sus propias manos y no faltó quien dijera que era su nido de amor, donde organizaba orgías bajo la mirada peligrosa de arañas y murciélagos.

Pero la verdad fue que Uribe logró encontrar allí la puerta a esa otra dimensión. Y eso le permitió convertirse en sabio, poeta, astrónomo, diseñador de juegos mentales, arquitecto, editor, políglota, orador e interlocutor de gatos.

El ingeniero era sobrino del general Rafael Uribe, famoso político asesinado miserablemente en las afueras del Capitolio nacional, el 16 de octubre de 1914. El crimen se produjo luego de que la prensa le hiciera duras críticas por supuestos proyectos liberales en contra de la clase obrera.

En varias ocasiones Enrique Uribe invitó a muchos de sus amigos a la cueva; sin embargo, solo dos lograron traspasar las fronteras de la quinta dimensión y regresaron cargados de una cultura iluminada para el resto de los mortales. Ellos fueron Luis Carlos Narváez y Guillermo Valencia, quienes revolucionaron las formas de poetizar y entender el mundo. Por eso, cuando Valencia escribía, era como si lo hiciera un ser sobrenatural. ¡Aquello se ha dicho siempre!

Si entras un día a La cueva de Uribe, deja afuera tus inmundicias espirituales, cierra los ojos y ora en silencio y en la oscuridad… tal vez así, solo tal vez, las puertas de ese otro inframundo también se abran para ti.

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Marco Antonio Valencia
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