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Martes, 20 de agosto de 2019. Última actualización: Hoy

La cucaracha

El lunes 13 mayo, 2019 a las 9:26 am
Imagen cortesía de: https://bit.ly/2Yrj24O

La cucaracha

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

¿Quién no conoce a las cucarachas? ¿No las habrá visto extrañado en su casa muy elegante? Hasta las encuentra en las fiestas bailando mientras suenan guitarras y tiples o celebrando el cumpleaños de alguien de la casa. Es que ellas son muy confianzudas…

Sí. No sé cuál es la patria donde nacieron los abuelos y tatarabuelos de estos animalitos cuasivoladores. Digo así porque no vuelan sino un poquito para volarse cuando están en peligro de un escobazo. ¿Vendrían, acaso, de Europa en alguna carabela en nuestro descubrimiento? ¿O, serán suramericanas, según los biólogos foráneos? Bueno, no es muy relevante ahora saber su nacionalidad.

La cucaracha, así, en singular, para poner un ejemplo o para hablar un poco de sus cualidades, que no son muchas y si es que así se pueden llamar…

La cucaracha aparece en escena cuando menos se espera. Y nadie colombiano podrá decir que no las conoce y que ha tenido que verse en aprietos con ellas. Hasta matarlas de un pisotón o con la escoba causa desagrado. Y, son tan fortachonas para perecer… Huuuiish!!!

Aparecen cuando uno menos espera. Ni sabe por dónde entran o de dónde salieron. Si uno es tan limpio y aseado… Y no merece un animal de estos en la propia casa. Sobre todo si el animalejo es ya crecidito. De todas maneras, chicas o grandes, producen el mismo desagrado.

Es que hay que verlas: causan un desagrado y hasta asco verlas. A uno se le ocurre que ni saben caminar bien. Y que no deberían tener alas para escapar. Ah, …y qué tal que llegara a volar y se le colgara de la pijama o que rozara la piel de quien lucha por correrla y darle muerte lo más pronto posible… Da… escalofrío solo pensarlo…

Mientras escribo trato de no rascarme el brazo. Tan pronto empecé a escribir de este tema, hasta rasquiña me dió por pensar en ellas. Pero debo ser valiente. Ya empecé y voy en más de la mitad del texto. Debo tener fortaleza para hacer a un lado el desagrado y terminar, de una vez por todas, mi tarea diaria. Porque la rascadera me dio hasta el hombro izquierdo.

Me ha llegado un mensaje ahora de san Francisco de Asís, amante de los alados seres. En él me dice que es una criatura de Dios y que no hay que hacerles daño… Creo que esos animalitos no existían en esa época y no sabe lo mal que caminan y vuelan. Y otras cosas.

Prefiero optar ahora por cantar aquella letra de la autora argentina Nora Galit: «La Cucaracha: La cucaracha, la cucaracha ya no puede caminar: porque no tiene, porque le faltan las dos patitas de atrás»… Y… sí, es una tonada inocente que la aprendí de niño, cuando uno no tiene prevenciones ni ascos. La cantaba mi padre y la entonaban en coro los compañeritos de escuela en Villagómez adelante de Pacho, en Cundinamarca.

11-05-19 – 10:02 a.m.

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