Lunes, 26 de julio de 2021. Última actualización: Hoy

LA CORRUPCIÓN COMO PECADO CAPITAL

El jueves 30 marzo, 2017 a las 9:08 pm

Ahora que estamos muy cerca de conmemorar la llamada Semana Santa 2017, muy especial y trascendental para el pueblo católico, especialmente para hacer un alto en el camino de la vida y salirnos un poco del mundanal ruido y acordarnos de otros temas vitales para nuestra espiritualidad, siendo una semana muy propicia para desconectarnos de lo trivial y corriente y meditar sobre nuestra existencia y cotidianidad, es bueno, justo y necesario, seguir comentando el tema que está a la orden del día en Colombia y en otras latitudes, la corrupción, desde el punto de vista católico y también de acuerdo al enfoque de algunos especialistas en la materia.

En primer lugar, recordemos los llamados pecados capitales, para identificar cuál de ellos tiene nexos con la corrupción o con cual se asemeja más. La denominación de la palabra capital, procede del latín “caput”, la cual nace de “capitia”, que significa “cabeza”, es decir lo más principal o importante en cualquier contexto. En el caso de los pecados capitales, tienen ese nombre porque son las faltas o “pecados” más importantes de donde provienen los demás. Según la doctrina católica, existen 7 pecados capitales: la lujuria, la gula, la avaricia, la pereza, la ira, la envidia y la soberbia. Esos pecados son muy conocidos por los creyentes católicos y cristianos, pero nunca recordados para no cumplirlos (al contrario, de acuerdo a la vanidad humana, da la impresión de “querer hacerlos siempre”, sin temor o miedo al castigo divino).

Uno de esos pecados capitales, la avaricia, entendida como EL DESEO DESORDENADO DE TENER DINEROS Y POSESIONES, es el que corresponde a la corrupción que hoy inunda a Colombia. La avaricia, llamada también codicia y que para los efectos de esta columna, la vamos a llamar corrupción, de acuerdo a la definición citada, ya fue catalogada por el Papa Francisco en octubre de 2014, como un “proceso de muerte, que se ha vuelto habitual en la sociedad, siendo un mal más grande que el pecado”. A renglón seguido dice: “la escandalosa concentración de la riqueza global es posible a causa de la complicidad de los responsables de la cosa pública con los poderes fuertes. El corrupto vive del oportunismo e incluso llega a interiorizar una máscara de hombre honesto. El corrupto se cree un vencedor. En un ambiente de triunfalismo, esa persona se pavonea para menospreciar a los otros. El corrupto no conoce la hermandad o la amistad, sino la complicidad y la enemistad”. Recordemos también que el Papa, hace días nos repasó que la “corrupción es la gangrena de la sociedad”.

Ya conocidas las ideas del Papa sobre la corrupción, citemos ahora a Carlos Alberto Patiño Vélez, profesor titular del Instituto de Estudios Urbanos (Universidad Nacional): “La corrupción inunda al país y esta es una condición tal vez más perjudicial y más difícil de resolver que la crónica debilidad del estado o que la violencia misma”.

En resumidas cuentas, por cualquier lado por donde se trate la corrupción, es la falta más grave contra la sociedad y como dicen ahora, “es un pecado de lesa humanidad”, porque es un robo de los dineros públicos para beneficiar a unos pocos “vivos, avivatos, astutos, saqueadores y corruptos”. Como dice el refrán popular: “la codicia rompe el saco”.

Sigue a Proclama en Google News
Deja Una Respuesta
Abrir el chat
1
Paute aquí
Hola 👋
¿En que podemos ayudarte?