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Martes, 15 de junio de 2021. Última actualización: Hoy

El sábado 21 febrero, 2009 a las 8:45 pm
LA COMODIDAD DE LA LIBERTAD
vagos.wamba.com/showthread.php?t=201145&page=34

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
leoquevedom@hotmail.com

No hay placer más simple que poder obrar sin temor a que alguien lo pueda a uno coartar. Levantarse en la mañana y andar empiyamado y despelucado, a sus anchas por la casa. Poder tomar la changua bogotana en el desayuno, amarrarse los zapatos como le enseñó la nana o el abuelo, ir a la iglesia o a la oficina sin tanto requeñeque de mancornas o cuello almidonado. Los zapatos viejos siempre sentarán mejor que los finos nuevos. La sal que necesita la comida no es en abundancia, es con medida. De lo contrario, se hará insípida o en el plato quedará servida.

La libertad no es una señora grande, gorda y malencarada, ni mucho menos un carcelero con cara de cowboy del oeste, que mueve lentamente las caderas y tiene pistola de ojo milimétrico y cronómetro de árbitro en sus manos.

La libertad es una cosa muy etérea, viscosa, transparente y fácil de adherirse a la costumbre. Es un producto que nadie nos lo vendió cuando llegamos a veranear a estas playas de la Vida. Andamos con ella y ella nos acompaña sin que le hayamos preguntado cómo se llama ni si quiere un helado o está cansada de seguirnos. A veces nuestros enemigos le disparan para que se aleje o, de pronto, hacemos algo que la obliga a dar un paso a nuestro costado. Ella se recuesta contra la pared y se queda lela, sin explicarse por qué la echamos a la calle para quedar amarrados en una celda oscura.

Tantas dificultades cercan nuestro paso día a día que nos merecemos disfrutar esta invisible pero tangible compañía. ¿No está de acuerdo que la libertad nos deja saltar, pararnos en la cabeza, reír en casa y en una fiesta, dar rienda suelta al potro indómito que está en la estepa inmensa de nuestro cuerpo? ¿Quién y qué nos impide que podamos mostrar la cara oculta que la inhibición personal y social mantiene cubierta con una máscara de piel y cordura?

El ser humano, nos enseñaron Diógenes, Aristóteles, Nietzsche, Sartre, es libre. Poco a poco la violencia, las culturas y la religión fueron poniendo ataduras en nuestro inconciente y nos fuimos encogiendo como cuero viejo.

La libertad trae un condimento consigo que debe hacer alegre a quien la posee. Es la tranquilidad de saber que es autónoma y no depende del querer ajeno. Que es inofensiva y no muerde desde que nace. No es un perro amaestrado para ladrar y matar su presa. Con ella pueden convivir el niño, la virgen, el joven, la madre, el rico, el que purga su pena y la monja de rosario en el bolsillo de su saya.

Sólo una cosa requiere la libertad para caminar gratuita al lado del humano. La libertad no es incondicional. No es jabón que lava y quita las manchas y se las unta. La libertad es una armadura que nos protege de los peligros y nos inmuniza de las burlas, mas no es una alcahueta ni disculpa para arrebatarle los derechos, los gustos y el respeto a las demás personas.

Quien tiene la libertad que la cuide, no abuse de ella, que cante y baile en el poblado o la campiña y dé gracias a la Vida por poder hacerlo.

14-02-09 – 11:28 a.m.

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