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La ciudad oscura: Santander de Quilichao

El lunes 17 febrero, 2020 a las 1:26 pm
La ciudad oscura: Santander de Quilichao

La ciudad oscura: Santander de Quilichao

La ciudad oscura: Santander de Quilichao

De acuerdo con las proyecciones de población del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), con base en el Censo Nacional de Población y Vivienda del 2018, Santander de Quilichao tendrá para el presente año 113.000 habitantes.

Infortunadamente dejó de ser, sobre todo en la última década, la ciudad ideal de los quilichagueños, el pueblo con “espíritu cívico ancestral”, como decía el arquitecto Armando Velasco Zúñiga. Ya no es la ciudad donde la gente mantenía una gallarda dignidad colectiva por sus sanas costumbres, identidades familiares y culturas inspiradoras y aglutinantes.

Santander de Quilichao terminó convertida en una de las ciudades más oscuras y peligrosas de la región, sumida en la decadencia, azotada por la corrupción, en una crisis sin fin que semeja una epidemia para la que parecía no existir vacuna.

La ciudad se queda a oscuras en cuanto se hace de noche, porque lleva más de 23 años tratando de resolver un asunto de alumbrado público que fue imposible para los alcaldes, sus gabinetes de gobierno y Concejo, que prefirieron esa tiniebla de farolas apagadas, de patrullas de vigilancia y sirenas de ambulancias abriéndose paso raudas, porque pululan especies nocturnas de atributos extraños y difícil clasificación, consumidas por las drogas y toda clase de vicios, que demarcan mortales fronteras invisibles, inadecuadas para familias, estudiantes, y trabajadores, que es toda la población.

La ciudad oscura: Santander de Quilichao

Es más, el anterior alcalde, Álvaro Mendoza Bermúdez, carga sobre sus hombros, víctima de la ineficiencia jurídica, una imputación penal por la deuda en el servicio público de energía eléctrica con la CEO, que a 30 de noviembre de 2019 alcanzaba $29 mil millones, para no hablar de los problemas disciplinarios y fiscales en que quedó metido por las asesorías chimbas que atendió. Lo mismo podría ocurrir en adelante, si la situación se sigue manejando de la misma forma.

Si de día acecha la atmósfera de incertidumbre y de peligro, de noche se agravaba el derrumbe de la rectitud desatado por delincuentes sin escrúpulos que aprovechan el trastorno de todo para el narcotráfico, robar y asesinar. Y muchos creen que esta situación no es estimulada por una mala administración pública.

En Santander de Quilichao, no podemos negarlo, la legalidad ha quedado tan en suspenso como las normas sociales, especialmente, en barrios e invasiones donde el hambre y la miseria, también ensombrecen la ciudad.

Lucy Amparo, primera mujer elegida por voto popular a la Alcaldía, llegó a la administración pública con esperanzas, respaldada por todo un pueblo que quiere que esto cambie, que pretende ver un desarrollo urbano planificado (en materia de vivienda, transporte y buena relación entre la ciudad y sus zonas rurales aledañas). Que dé prioridad ambiental en la construcción y crecimiento de la ciudad. Con una buena gobernabilidad que garantice un desarrollo sostenible.

La odontóloga Guzmán González aceptó identificar los desafíos locales como una buena oportunidad para construir espacios más conscientes y, en un futuro, más sostenibles; capaz de crear políticas sociales de inclusión y combatir a la pobreza, diseñar políticas económicas y ambientales para contrarrestar el deterioro urbano y esencialmente, para combatir la corrupción, que había convertido la administración pública en un negocio privado. Por ejemplo, es doloroso todavía recordar cómo la ciudad no se planificó en los últimos años porque el crecimiento fue liderado por agentes particulares, por promotores inmobiliarios, guiados por sus propios intereses que, en rapiña, se incrustaron en la Alcaldía como funcionarios de la planeación, actuando de una forma muy oscura para enriquecerse, y salir de allí como los urbanizadores que contribuyeron en la creación de una ciudad de periferia absolutamente insostenible.

En Santander de Quilichao no se había pensado, a pesar de su crecimiento desaforado, en un sistema masivo de transporte, tampoco, en tener servicios de mayor calidad en oferta, eficiencia y fácil acceso. El acueducto se quedó insuficiente y se duda de la calidad del agua que consumen los quilichagueños. La disposición final de residuos sólidos y basuras está a la buena de Dios; se llevan a Yotoco, a 122 kilómetros de distancia, a altos costos, asunto incrementado por la ineficiencia y la incapacidad de los responsables de la administración de estos servicios. No encontraron soluciones.

Claro está que la participación activa de la ciudadanía como un elemento clave en la ciudad ideal es fundamental, sobre todo, en lo que tiene que ver con mejorar el espacio público. No se debería actuar de manera abusiva contra todo el pueblo, como lo hace un comerciante de rumba y licor sobre la vía panamericana que amplió su negocio sobre la vía pública con el visto bueno de los corruptos que lo permitieron. Nos tomó por sorpresa esa construcción porque hace unos años el espacio se había recuperado para todos. Hoy, nuevamente, el ciudadano de a pie es el más damnificado a la hora de movilizarse por aquel sector. También ocurre en espacios públicos reservados en las riberas de algunas fuentes hídricas, hoy contaminadas a más no poder.

Es que la sostenibilidad no es un accidente. Requiere de una Administración local fuerte, pero las instituciones y el gobierno se habían debilitado en los últimos años en Quilichao. Por eso, repito, la opinión de los ciudadanos debe contribuir a la toma de decisiones para que recuperemos la ciudad para todos. La lucha por lo público, así como la noción de provisión de bienes públicos, bienestar colectivo e identidad social compete al ciudadano.

Asimismo, también hay que pensar en no dejar atrás a colectivos vulnerables como las personas mayores (rehabilitando edificios con criterios de accesibilidad o trabajando el espacio público para personas con movilidad reducida) o la infancia. En Quilichao es casi imposible transitar por los andenes porque cada quien los construye a su amaño sin importar que se constituyen en un peligro. Tampoco aquí hubo planificación para que los desniveles fueran parejos en la misma proporción de la calle respectiva. Pero no, nadie se dio cuenta de eso y los andenes son trampas cuasimortales.

Renaturalizar la ciudad también debería ser una prioridad, para lo cual deberían ejecutarse nuevos planes verdes que generen nuevos lazos entre ciudad y naturaleza. Incluso, podrían aprovecharse recursos de la comunidad internacional para este destino. Son asuntos de creatividad y compromiso. Por ejemplo, la FAO ha lanzado un programa sobre los bosques urbanos. Allá, y a otras instancias internacionales, se puede acudir en busca de alianzas que favorezcan a las comunidades.

Hay muchas cosas más que preocupan a la ciudadanía porque, como dije hace rato, la evidente decadencia de lo público, la incapacidad burocrática y el azote de la corrupción, no han dejado avanzar en la terminación del hospital, en lo de la nueva galería, el terminal de transportes, el frigorífico, que sigue enclenque en su liquidación forzada…

También alarma el concepto de ineficiencia e ineficacia que se tiene en el orden nacional sobre la administración pública quilichagueña, demostrado, por ejemplo, cuando el Departamento Nacional de Planeación inhabilita al Municipio para definir directamente los proyectos de inversión, con recursos del Sistema General de Regalías (SGR), que tengan como objeto la implementación del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera para el 2020, precisamente, por el inadecuado desempeño en la gestión de los recursos del SGR. ¡Qué pena!

No canso más al amable lector, por ahora, pero en próximas oportunidades trataremos otros asuntos delicados en la administración quilichagueña como el funcionamiento errático que la tenido la Oficina de prensa y comunicaciones con respecto al derecho de la ciudadanía de estar bien, y oportunamente informada sobre el desarrollo cotidiano de las actividades oficiales, y sobre la Oficina de Cultura, que es otro parche que mantiene en tinieblas este campo tan importante para el desarrollo social sostenible. Son temas aparte que estaremos tratando próximamente.

Para finalizar, es importante tener en cuenta que Santander de Quilichao cumple con todos los requisitos que exige el proceso de certificación para la prestación del servicio educativo, que equivale a la descentralización de la dirección y prestación autónoma de los servicios de educación. Para ello, debe organizar sistemas de planeación de información y pedagogía, que demuestren eficiencia y eficacia institucional, y que demuestren que está realizando aportes permanentes con recursos propios para la educación.

De esta manera, Santander de Quilichao podrá solicitar al Departamento la facultad para nombrar a los empleados docentes y administrativos de los establecimientos educativos estatales que laboren en el Municipio, previo cumplimientos de los requisitos legales para su nombramiento.

Son muchas cosas sobre las que tenemos que seguir hablando, mientras tanto, hagamos fuerza y respaldemos a la Administración Municipal que ya lleva siete semanas de gestión, para que algún día Santander de Quilichao logre salir de las tinieblas en que quedó sumida tras varios años de incapacidades, desidia y corrupción.

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Alfonso J. Luna Geller
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