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LA CHANFAINA ELECTORAL

El martes 18 febrero, 2014 a las 11:39 am

Crepitaciones

En mi condición de Licenciado en Educación, con la especialidad del Español y la Literatura, siempre me han llamado la atención dos ciencias de la lengua de uso cotidiano, demasiado importantes: la semántica, por el estudio y la aplicación en la comunicación diaria del significado de las palabras, tanto de uso oral, como escrita, y la etimología, encargada de estudiar el origen de las palabras. De esta manera, por ejemplo, de acuerdo con la primera, debemos saber que la mayoría de las palabras tienen dos significados: uno principal o básico (denotación) y otros, secundarios (connotación), dando como resultado un conjunto interesante de significados, de variada índole, que debemos conocer y, sobretodo aplicar o usar de manera correcta. Tal es el caso de la palabra ‘chanfaina’, que encabeza esta columna de opinión, estando seguro que les causó curiosidad, por conocer sus significados, el principal o básico: “guisado hecho de bofes o livianos picados”, y los secundarios, referidos al tema culinario y uno, coloquial, referido a Colombia: “cargo o destino que se obtiene por influencia” (y que se aplica como anillo al dedo, para los efectos del presente comentario). Notamos a primera vista que los dos significados tienen mucha relación.

Pues bien, amigos lectores, se preguntarán ustedes porqué se me ocurrió la palabra en mención. Simple y llanamente al contemplar la invasión publicitaria de nuestros pueblos y ciudades (ya comentada en otra columna anterior), de parte de los candidatos y candidatas, con un sinnúmero infinito de propagandas de toda clase, quienes aspiran a obtener, usando todos los medios publicitarios posibles, habidos y por haber, el número de votos que les posibilite sobrevivir por cuatro años más, aprovechando la ganga de los votantes obnubilados, y los otros, quienes por primera vez, aspiran a entrar al círculo de los privilegiados. Entonces, tanto los aspirantes a esos “apetitosos” cargos en el Senado y la Cámara de Representantes (más de 150), como los ya experimentados (todos ellos por la influencia y la cantidad de propaganda que gasten y usen en las calles y medios de comunicación), están buscando su chanfaina electoral, su “guisito culinario”, su pedacito de la torta burocrática, su partecita de mermelada, su “modus operandi” en el camino de la vida. El número de aspirantes a esos cargos públicos y los deseos de repetir de algunos otros, indica que la cuestión está muy buena. Claro está que toda regla tiene sus excepciones, y entre quienes ya tuvieron su período de prueba, algunos cumplieron sus objetivos, pasaron el año, como decimos los profesores y merecen otra oportunidad. Pero son muy pocos, acaso uno o dos.

Mientras tanto, sigamos asistiendo a esa gran función de los políticos en pos de la gran chanfaina electoral, oyendo sus frases motivadoras, sus palabras de combate, sus ofrecimientos y promesas, mirando sus sonrisas optimistas y no nos dejemos convencer de buenas a primeras.

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