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LA CENICIENTA ETERNA

El sábado 13 octubre, 2018 a las 9:32 am

LA CENICIENTA ETERNA

NUESTRO AIRE EN PELIGRO

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Sin lugar a dudas, la protesta de parte de los miles de estudiantes y comunidades educativas en general del sector público y algunas privadas, realizada el día miércoles 10 de octubre del presente año a nivel nacional, fue magnífica, ordenada, apoteósica e “histórica”, como la calificaron algunos medios y redes mediáticas. Las imágenes televisivas de la misma, y las publicadas en los mismos, daban cuenta de su magnitud y cantidad, al igual que la participación masiva y sobretodo, el entusiasmo y el fervor de los protestantes, con pancartas alusivas de manera creativa, junto a las consignas respectivas, en contra del enorme déficit que año tras año el estado tiene con el sector público universitario y en general, con el educativo.

Doy fe de lo anterior como testigo presencial, pues me encontraba en Popayán ese día histórico haciendo vueltas como siempre, cuando por dicho motivo la ciudad fue paralizada en todos sus costados. Como muy bien la resumió “El Nuevo Liberal”, el periódico de la ciudad: “la movilización en favor de la educación pública desbordó las expectativas de asistencia, sentó un precedente y dejó un mensaje claro: la educación es un derecho fundamental que necesita presupuesto”.

Esa marcha multitudinaria me hizo recordar al instante en flashback (técnica narrativa usada en cine y literatura consistente en recordar al instante secuencias referidas a un tiempo pasado), mis experiencias similares como educador consciente de Asoinca por 48 años (porque hay algunos que no lo son, lo digo con tristeza infinita), cuando participé en muchos paros, tomas de ciudades, mitines, caminatas, huelgas y enfrentamientos con el fatídico ESMAD, para reclamar nuestros justos derechos y reivindicaciones, en los campos laborales y económicos. Esos paros, esas marchas, esos sudores, esas lágrimas, nos dieron la estabilidad y seguridad que hoy tenemos, lo digo con orgullo, especialmente a los educadores del 2277 o antiguo estatuto docente.

Es que en Colombia en forma desafortunada, existe una norma paradójica y hasta absurda (alguien diría un vicio), estilo kafkiano: para poder conseguir la dignidad en el campo de la educación, en todos los niveles de la misma, desde el básico hasta el superior, toca hacer paros y marchas, para “obligar” al señor estado a que “suelte” los recursos económicos que hacen falta y así poder subsistir. La prueba reina de lo que comento hasta aquí está en que a raíz de la monumental marcha, y de las posteriores huelgas de algunas universidades, se ordenó una adición presupuestal para el próximo año  de 500 millones de pesos para la educación superior, sabiendo que existe un déficit de 3,2 billones, que cada año va aumentando, en virtud del no cumplimiento de lo acordado en la ley 30 de 1992, en sus artículos 86 y 87, que ordena hacer los respectivos aportes en forma cumplida. Pero como siempre sucede en Locombia, se hacen las leyes, pero no se cumplen, o lo peor, “hecha la ley, hecha la trampa”, como bien dicen por allí.

Para concluir, la pregunta del millón: ¿cuándo será que en Colombia la educación dejará de ser la cenicienta eterna?         

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