Domingo, 8 de diciembre de 2019. Última actualización: Hoy

La casa

El jueves 16 mayo, 2019 a las 8:17 am
Imagen cortesía de: https://bit.ly/2W6ytlw

La casa

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

La casa es el lugar en donde uno vive todos los días y se siente bien, como en ningún otro lugar. Puede que sea una finca inmensa, o un cuartito azul o un apartamento, o una casa fuera de la ciudad o la casa comprada por medio de ICT en un barrio o la casita de los abuelos en la vereda. No importa el lugar o el tamaño o la comodidad o la sencillez franciscana.

Llega uno cansado a casa y puede gritar como Tarzán en la selva, quitarse los zapatos, echarse sobre el suelo, andar en paños menores o meterse a la ducha, o sencillamente cambiarse de ropa y salir de paseo. En casa uno puede tomar la decisión que quiera.

La casa es el lugar que uno conoce como la palma de la mano. A ojo cerrado uno encuentra rápido el baño, entra a la cocina y mira qué hay de comer para esta hambre tan horrible o se echa a la cama a dar una vuelta y volver a levantarse. No hay como llegar a casa y sentir que uno es el rey.

Claro, uno quiere su casa porque es el refugio en donde nadie lo va a molestar. Está en su casa. Llega a la hora que pueda, cuando lo necesita entra a la cocina, abre el aparador, saca el vaso para beber un trago de agua, si quiere destapa la botella de vino o se sienta frente a la pantalla del TV o prende la radio. Sale cuando quiere y llega cuando le provoque alejarse de la calle, de los almacenes, de los supermercados, de las miradas de sus amigos o de la gente anónima. Allí está uno al abrigo, con las paredes limpias, lejos de los ruidos de la ciudad y sin que nadie le pregunte por qué está ahí…

¿Qué más decir de la casa?, Es el lugar más íntimo y personal. En donde uno se siente que es el dueño y nadie lo puede interpelar para que deje de hacer o no piense así, o que no se siente en el sillón. Es el lugar más personal. Tiene la llave, puede entrar y salir a la hora que quiera, dispone de cada una de las cosas que hay allí adentro. Puede ser el papá, la mamá, el hijo o la nieta, todos se sienten a disposición para disfrutar lo que tienen ahí, adentro de ese pequeño o gran territorio que se llama casa.

¿Quién nos enseñó a portarnos como dueños en la casa? Nadie. La educación y todo su concepto entran por los ojos. Papá, mamá, hermanos, primos, amigos, visitantes nos enseñan cómo comportarnos cuando estamos en ella. No hay límites para tomar, usar, cuidar, respetar, ofrecer estadía, muebles, ambiente en donde decimos que es nuestra casa.

No son las paredes, la escritura del inmueble, los muebles. Es la confianza, el cuidado, el sentido de pertenencia en usar todos los recintos de una casa que se sabe es la propia.

14-05-19 – 10:47 a.m.

Para leer otras columnas del autor aquí

Deja Una Respuesta