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La caricatura del queso

El jueves 31 marzo, 2016 a las 7:06 pm
Alfonso Luna Jueves Santo

Por Alfonso J. Luna Geller

Hace unos días este medio de comunicación publicó en su sección “Caricatura del día” un queso con los caracteres “CRC” rodeado por dos ratones. Cuando la vi publicada expresé mi inconformidad y una ofuscada extrañeza porque me pareció un grotesco mensaje, al parecer sin soporte evidente de lo que significa para todos los sectores sociales.

Sencillamente, pensé que el autor, “Pete”, debería tener razones propias para haberla concebido, o porque en su intimidad pretendió congraciarse con el director de este medio de comunicación que días antes había sostenido un crudo debate con algunos funcionarios de aquella entidad, pero enmarcado en el debido respeto tanto institucional como personal, aclarando que nunca este periodista-director ha asignado, ni presuntamente, alguna incumbencia por corrupción ni a la entidad ni a las personas objeto de la réplica, porque no ha sido así, ni la discusión se generó por aquel motivo.

Cualquiera sea el motivo, en ningún momento intenté impedir su publicación porque tal vez tengo un concepto muy férreo sobre la libertad de expresión, o quizás, por razones de exagerada apertura mental, pero sí me quedó el amargo sabor de verla publicada. Nunca le he insinuado a alguno de los periodistas, columnistas o caricaturistas de Proclama del Cauca sobre qué deben escribir, sobre quién, ni hasta dónde, ni he reclamado por conceptos que muchas veces se han presentado en contra de mis juicios o prejuicios personales. Para mí ha sido casi un orgullo permitir esa absoluta libertad, obviamente, advirtiendo sobre la responsabilidad que cada autor tiene de su obra.

Por lo anterior, en los años que llevo como director jamás he censurado una coma, ni lo haré, y me es muy difícil aceptar que la libertad de expresión tenga límites, pero los tienen, y ante este caso, al interior de nuestra organización, hicimos reflexiones y debates sobre los límites de la libertad de expresión y la función social de la caricatura. Y fue entonces cuando tuve que recordar a mi maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, FNPI, Javier Darío Restrepo, de quien transmito una de sus enseñanzas de manera textual: “cuando se presentan abusos de la libertad de expresión suele suceder que el concepto de libertad es incompleto o equivocado. El caso más frecuente es el de quien entiende la libertad como la facultad de hacer lo que uno quiere sin que nadie se lo impida. En consecuencia, se pretende que la libertad de expresión dé luz verde para escribir o decir lo que uno quiera: injurias, calumnias, mentiras o atentados contra el honor y buen nombre de las personas. Se piensa que la libertad da derechos absolutos para los que no existe limitación alguna. Ocurre, sin embargo, que no hay derechos absolutos y que el derecho propio llega hasta donde comienza el derecho de los demás. Esta expresión se le debe a Benito Juárez y con ella se ratifica una definición de la libertad como la facultad de hacer lo que uno debe hacer, sin que nadie se lo impida. No es el capricho personal el que define las acciones de los seres libres, sino el deber; no se protege como derecho el quehacer caprichoso de los humanos, sino su capacidad para dar cumplimiento a sus deberes. No se escribe, caricaturiza o fotografía lo que uno quiera y como lo quiera en ejercicio de la libertad, sino lo que uno tiene el deber de comunicar”.

En estas condiciones, trato de ponerme en piel ajena ante una caricatura ramplona publicada en nuestro medio de comunicación, y decirle a nuestros lectores que continuaremos haciendo un trabajo con altura, con respeto, con profundidad, con documentación, con razones, con argumentos, sin señalar hasta que un juez lo diga, porque también somos respetuosos del debido proceso, y del orden lógico de las cosas, aunque, obviamente, estaremos siempre dispuestos a informar sobre lo que ocurre en las entidades públicas o privadas que cuando afecten a las comunidades serán denunciadas o criticadas. Pero también, como en este caso preciso, reiterar mis disculpas públicas, que ofrezco sin que nadie me lo haya pedido, porque también soy consciente del poder transformador del perdón y de la reconciliación, y aunque soy crítico de varios asuntos de la gestión en la CRC, no tengo ninguna enemistad, sino todo lo contrario.

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