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Jueves, 21 de noviembre de 2019. Última actualización: Hoy

La autoeducación

El sábado 22 junio, 2019 a las 8:29 am
Imagen cortesía de: https://bit.ly/2x8sqiv
OROS Y TIERRAS

La autoeducación

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

Y el hombre, pobre, pobre, vuelve los ojos locos y todo lo vivido se empoza,  como charco de culpa, en la mirada…

Nosce te ipsum, conócete a ti mismo, nos sopló al oído un día Pítaco en la escuela de Mitilene. Lo había aprendido tal vez de Solón, Heráclito, Tales, Sócrates o Quilón. Tal vez no sea necesario saber quién lo dijo primero. Yo lo he tomado traducido del griego porque me interesa y me gusta.

La educación del ser humano nunca se detiene. Todos los días hay cosas nuevas y alguien piensa distinto. De tantos millones que hay y están naciendo, aparecen verdades que nos tocan.

Algún día descubrimos el pequeño universo que es uno mismo. La mano, el pie, los ojos, el oído, el corazón, el estómago y otros órganos que ni los oímos en las clases de biología.

Nos fuimos informando y formando. Tomamos lo que nos gustaba y otros datos quedaban ahí, sueltos, dando tumbos en nuestro cerebro.

Aprender a ser uno mismo no se aprende en el colegio ni en la universidad. Se aprende en las aceras, en la soledad, mientras camina… Con los golpes de la vida de los que hablaba el poeta César Vallejo. “Entonces, vuelve el hombre los ojos, como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada…” Y se llega a los 80 años y mira atrás y ve que ha recorrido mucho y aprendido poco.

Necesita uno valor para hacer un alto, de vez en cuando, y pensar quién es uno y para qué estamos viviendo. Y aparecen como en un tablero esas preguntas. ¿Quién soy, para qué y para quién escribo? ¿Lo hizo Sócrates con Platón? Y eran los maestros.

Sí. Uno debe ser valiente a veces en la vida y preguntarse varias cuestiones que parecen nimiedades. Uno necesita auto-reconocerse, mirar hacia adentro, esculcar hasta encontrar la respuesta. Jamás acaba uno de aprender y de interrogarse otra vez.

Sí, repito. Puede uno sincerarse consigo mismo y levantar de nuevo la cabeza. Puede parecer una palmada en la cara. No importa. Hay muchas razones por las cuales uno jamás pregunta. Da miedo revolver entre tanta basura que hemos hecho. Al final nos damos cuenta que habíamos botado a la basura la filosofía y las verdades que nos fastidian. Porque filosofía quiere decir amor por la sabiduría.

Aprendimos de todo y de nada. No aprendimos a distinguir ni a amar la vida. Hablamos de todo y revolvemos como un sancocho la olla de nuestra existencia y no nos hallamos. No nos apreciamos, nos da miedo saber quiénes somos. Y, es a la primera persona que debemos amar. Sin ella no podríamos vivir.

Somos niños aún. Regañados. Pero merecemos vivir y ser felices. “Alzar la cara, y que no digan los ojos que se ha acabado la paz en el alma”. Parecemos viejos que ya no tienen remedio. Pero la experiencia nos dice que el último sorbo es el que mejor sabe.

21-06-19 10:15 a.m.

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