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LA AFIRMACIÓN QUE VALE UNA CABEZA

El martes 8 noviembre, 2016 a las 11:15 pm
Bulevar

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Loco-mbiano

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«Quítate de ahí, que me quitas sol»: Diógenes, el Cínico a César

Menos mal que aún no llega al simple ordenador la facilidad que ofrecen los celulares nuevos. Pulsa uno en guasap el comienzo de una palabra y se aparece Aladino para iluminarla completa antes de acabarla de escribir. Y hasta ofrece el servidor ponerle tilde, si la tiene. Qué favorazo para los que no saben mucho de ortografía.

Tardará, sin embargo, la tecnología en poner un chip en el cerebro para impedir que alguien meta la pata en público diciendo barbaridades. Como, por ejemplo, lo que nos cuenta Poly Martínez en El Espectador, del Alcalde de Cartagena. Él lo afirmó sin pestañear, pensando que en verdad estaba diciendo una frase afortunada y que su sentencia iba a ser un ejemplo para los jóvenes que quieran ser empresarios y banqueros. Por supuesto que no estoy de acuerdo con su conclusión de que la Universidad donde él espetó esa frase le conceda un título Honoris Causa en Filosofía. No por eso en adelante cambiará su discurso ya en uso. Claro que sabe que tiene seguidores.

Abunda en datos Poly que den ejemplo cómo personas exitosas de diferentes ocupaciones tuvieron la filosofía como faro de su vida. Aprender a discernir, a dudar, a encontrar un nuevo camino o diferente de los que otros escogieron es tener una pizca de filósofo. Detenerse un poco, por sistema, para analizar un plan antes de darle su apoyo y ver los pros y contras no lo hace cualquiera. Necesita el reposo, la pequeña luz interior que le indique que no todo lo que brilla es oro. O que no todo el que anda vestido de rey en la ceremonia de Buckingham es rey o reina y ni siquiera ujier o simple alabardero.

Qué tal que nos pusiéramos – inútil trabajo – a examinar con lupa si nuestros grandes ricos de las películas que causan trancones en las vías se molestaron en estudiar razonamiento, ética, epistemología o alguna vez probaron a Aristóteles o Platón, Nietzsche, Diógenes o Zenón de Elea. La condición inapelable, el as para subir al curubito o podio del poder es ser discípulo de Arquímedes para saber cuándo oprimir el punto que active la palanca. Ni falta hace saber ingeniería o medicina para ser ministro de obras o de salud. Solo sirve que lo nombren. Lo sabe cualquier charlatán en un café de pueblo.

La ignorancia es atrevida, es un casi un adagio popular, aunque lo oculte un alcalde. Claro que algún comentario leería de lo que dijeron similares en España y Argentina y lo registramos en este Bulevar. Ni necesidad habrá de abundar en esta materia ya que las razones no las entenderán los aludidos. Bastante tienen con su cargo y su momento. Hay razones del corazón que la razón no entiende, dijo Blas Pascal. Y eso nos basta. Los maestros en colegios y universidades harán la tarea de poner la filosofía en el sitial que se merece. Y los nuevos Diógenes y Sócrates saldrán a dialogar con Césares y Sátrapas aunque se obstinen en tapar el sol con su sombra.

08-11-16                                                6:60 p.m.

http://www.semana.com/opinion/articulo/poly-martinez-el-filosofo-de-cartagena/504623

http://www.elheraldo.co/bolivar/de-que-le-sirve-que-le-des-filosofia-un-joven-de-pocos-recursos-manuel-duque-300145

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