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Martes, 28 de septiembre de 2021. Última actualización: Hoy

JULIO CÉSAR ESPINOSA

El viernes 30 julio, 2021 a las 9:07 am
JULIO CÉSAR ESPINOSA
Rodrigo Valencia, Donaldo Mendoza, Julio César Espinosa.

JULIO CÉSAR ESPINOSA, EN MEMORIA

Rodrigo Valencia Q

    Al escritor Julio César Espinosa me lo presentó su hermano Jesús Aníbal, músico violonchelista y amigo entrañable, por allá en 1970 o 71, cuando la música era para mí un intento fallido. Y por aquella época fui con Julio unas tres veces a las reuniones «gnósticas»; nos iniciábamos en el esoterismo, queríamos traspasar puertas astrales, escuchar voces secretas y sagradas, asomarnos al abismo del conocimiento, recuperar el paraíso. Sueños de juventud, fantasías de una aventura en la que todavía insistimos algunos, entre velos y vericuetos existenciales. Después se ausentó por años enteros, y entiendo que ejerció la docencia en Ibagué y Bogotá.

   Volvió a su ciudad, Popayán, cerca del año 2000, si no recuerdo mal; vino a mi casa en su motico con un libro que había firmado como Jerónimo Gerlein, «Las nietas del tejedor», novela infantil, y de ahí en adelante recuperamos esa larga amistad que aún la distancia confirma con afectuosa cercanía.

   En 2004 le mostré una edición artesanal de mi libro «El silabario perdido«, que miró con cierto desdén, pero luego me expresó su voluntad de leerlo. Guardo con orgullo un hermoso artículo elogioso que hizo acerca de aquella obra. En esa época había estrechado vínculos con la Asociación Caucana de Escritores, y hace cuatro años escribió también una pequeña introducción a mi librito «Jesús, el Íntimo«.

   «Tus poemas a veces son buenos, a veces regulares, y otros son malos; poco hay que recordar de ellos«, me expresó una vez; y aunque quise hacer valer mis razones, terminé aceptando su juicio con la certeza de escuchar una voz honesta y sabia. Por algo yo lo llamaba Maestro Julio.

   Fustigó mis recientes dibujos «Mínimal«, que terminó aceptando en un espacio de reservas.

   Con el escritor Donaldo Mendoza compartimos ratos de café y camaradería, esa resultante de unos diálogos virtuales sobre temas varios, que a él le encantaban como género, uno de los cuales publiqué hace poco, acerca de mis «Sueños dalinianos«. Y con el escritor Marco Valencia compartimos, los cuatro, un maravilloso encuentro-almuerzo en su casa de campo que Julio César acababa de construir. ¡Quién iba a pensar cuán poco tiempo le quedaba!

   Cosas más, cosas menos; cosas del espíritu y de la cercanía afectiva, cosas que constituyen la buena y sincera amistad; recuerdos persistentes que tejerán ficciones, imaginarios y un compartimento entre los mundos que nos unían.

    A Julio César Espinosa se lo llevó ahora la vida… más allá de la vida; quizá para mostrarle un mundo sin simulacros ni engaños, diáfano como la palabra original, una estancia donde el escritor lucirá sus mejores galas.

            **RVQ**

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