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Sábado, 11 de julio de 2020. Última actualización: Hoy

JULIO ARBOLEDA POMBO

El sábado 14 julio, 2012 a las 8:47 pm

Viernes 13 de julio, 2012
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

José María Torres Caicedo (1830-1889) Padre del Latinoamericanismo, utiliza las mismas palabras que Julio Arboleda Pombo, el soldado poeta, emplea para describir sus propias riquezas.

José María es escritor, intelectual colombiano, ensayista, crítico literario. Diplomático, Ministro Plenipotenciario de Colombia en Francia, y Reino Unido, miembro correspondiente de la Real Academia Española y de la de Ciencias Morales y Políticas del Instituto de Francia. Vivió muchos años en Europa.

Cordialmente,

***

Ensayos biográficos y de crítica literaria.

JULIO ARBOLEDA

Por: José María Torres Caicedo

De 1848 a l850, los días corrieron serenos y tranquilos para Arboleda, quien dividía su tiempo entre el estudio, el trabajo de obras importantes, la educación de sus hijos, y el manejo de sus cuantiosos intereses. Es increíble la actividad que entonces desplegó. Tan atinado anduvo en todas sus transacciones, sus cálculos fueron tan exactos, tan bien concebidas las medidas que tomó para el arreglo de sus negocios, que en 1850 estos se hallaban en un brillante estado. Con este motivo, Arboleda escribía, con fecha 2 de diciembre de aquel año, a uno de sus amigos de Londres lo que sigue:

«La fortuna me ha favorecido últimamente con una de sus más graciosas sonrisas (Fortune has of late smiled on me most graciously): mis negocios, en general, no sólo han marchado notablemente bien, sino que mis tierras tienen una cantidad tan enorme de excelente quina, que por muchos años podré exportar dos mil zurrones anuales. Tengo un contrato por tres mil, que estoy seguro de entregar en estos doce meses. La exportación me costará bien poco, pues tengo más de quinientas mulas desocupadas, y con el ejercicio de conducir mis tercios hasta el puerto, ganarán en vigor y en valor».

Con fecha 17 del mismo mes, escribía a otro de sus amigos de Londres lo que sigue: —»La quina en mis tierras parece inagotable. He tomado todas las providencias del caso para impedir su destrucción; y solo exportaré a razón de mil cargas por año».

«A los veinte años vendré a cortar los últimos árboles, y ya los primeros habrán crecido de nuevo. Parece que hay quina en toda la cordillera, y en grande abundancia; de modo que no faltará trabajo lucrativo para nadie».

«Ahora puede ser que tengamos industria, y con ella — paz, caminos y felicidad. ¡Mire Ud. qué cosas hace la Providencia! Los montes en que abunda la quina serán la California de la Nueva Granada. Si mis negocios continúan como van, me tendrá Ud. por allá, con el objeto de ensayar si, apoyado en mi capital, puedo lograr la formación de una compañía, que cruce este país de magníficos caminos».

«Esto es lo que nos falta : los medios de transporte son tan dispendiosos ahora, que la fabulosa fertilidad de nuestra tierra está como muerta para nosotros y para el mundo; pero con caminos, aunque se acaben ó se desacrediten las quinas, quedaremos ricos con lo que ellas hayan producido; y estas provincias, con vías fáciles para ponerse en contacto con el Pacífico, serán el emporio de la América occidental».

«Yo estoy resuelto a asegurar mi capital, promoviendo, por cuantos medios estén a mi alcance, con la prosperidad general la mía propia. Así, mis hijos tendrán un rico patrimonio en el valor de mis bienes, que subirá a la par con el de todas las propiedades de mis compatriotas. La industria asegurará la paz; y mis hijos recibirán una herencia más rica que la de los bienes materiales; una patria que podrán nombrar sin pesar y sin vergüenza. Lo único que me asusta, es la exacerbación de las pasiones políticas y cierta falta de tino en el gobierno».

Estos detalles podrán, acaso, parecer insignificantes; pero no lo son: conocida la posición pecuniaria de Arboleda y sabiendo el brillante estado en que se hallaban sus negocios en aquel tiempo, se verá cuán nobles y desinteresados fueron los motivos que lo impelieron a obrar como obró en época posterior.

REFERENCIA: JOSÉ MARÍA TORRES CAICEDO. Ensayos biográficos y de crítica literaria. Primera Serie. Vol. II. Paris, 1863

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    JULIO ARBOLEDA POMBO

    El viernes 13 marzo, 2009 a las 3:50 pm
    Jueves 12 de marzo, 2009
    De: Mario Pachajoa Burbano

    Amigos:

    Julio Arboleda Pombo fue asesinado en Berruecos, ahora vereda Olaya, municipio de Arboleda, Nariño, el jueves 13 de noviembre de 1862, a poca distancia del lugar donde le dieron muerte al General Antonio José de Sucre, en 1830. Don Julio tuvo un cierto presentimiento de su muerte cuando, tres años antes de ella, estando reunido con varios amigos, y le preguntaron cómo deseaba morir, manifestó que para él no había una muerte más bella que la del Gran Mariscal Antonio José de Sucre. “Morir así, dijo, sacrificado por la patria, en medio de la torrentosa montaña de Berruecos, es bello».

    Placa arriba: La Concentración Desarrollo Rural de Berruecos rinde homenaje al poeta colombiano Julio Arboleda en sus 120 años de su muerte, Olaya, 1862-1962.

    El miércoles 12 de noviembre, 1862, Arboleda se dirigía a Pasto para reorganizar sus huestes contra la revolución que se inició en 1860 y se hallaba entrando a la angustura de Berruecos. Lo acompañaba un reducido ejército que lo dividió en dos: adelante iba él a caballo, rodeado de un grupo de ayudantes y secretarios, incluyendo a Jacinto Luna, Gregorio Arboleda y Joaquín García Mazo. A una distancia mayor iba su retaguardia.

    Uno de los Ayudantes anunció a Arboleda que creía haber escuchado algún ruido entre la hojarasca y que era menester tener precauciones porque ese era un lugar muy a propósito para una emboscada, pero Arboleda continuó la marcha. Algún tiempo después, otro ayudante le manifestó a Arboleda que había visto correr a un hombre con un fusil por entre los árboles. Arboleda le dijo: «Es algún desertor de la vanguardia, y probablemente caerá en manos de la retaguardia» y Arboleda apresuró el paso.

    Un soldado de la vanguardia había trazado sobre la arena una cruz y al verla Arboleda ordenó a Joaquín García que la borrara, porque él consideraba como un irrespeto que los cascos de las caballerías hollaran la cruz. García Mazo trató de borrar la cruz con el pié y Arboleda con imperio le ordenó que lo hiciera con la mano. El ayudante al levantarse y dirigirse a su cabalgadura, un tiro salió de la montaña y le atravesó la espalda cerca del hombro. «Indudablemente hay asesinos en la montaña» dijo Arboleda, «debemos esperar el cuerpo de retaguardia».

    Acababa de pronunciar estas palabras cuando una nueva detonación estalló, y una bala, surgida del mismo lugar penetró en el pulmón izquierdo de Arboleda que le produjo una abundante hemorragia. «Los rojos me han matado como a Sucre» dijo Arboleda, y mortalmente herido se desplomó en los brazos de sus amigos. Arboleda murió al día jueves 13 de noviembre en la hacienda Olaya. «Agua, agua» fueron las últimas palabras de Arboleda al exhalar su postrer aliento.

    El asesino, Juan María López, era el hijo de uno de los que había mandado fusilar Arboleda en uno de los pueblos de Túquerres. Juan aseguraba que su madre había muerto de pesar por la muerte de su esposo. El asesino fue reducido a prisión y poco después se le declaró incluido en un indulto general y se puso en libertad. Se dice que durante la guerra de 1876 murió en el mismo lugar que asesinó a Arboleda.

    NOTAS:

    * Biografía de Julio Arboleda Pombo: Julio Arboleda Pombo
    * El texto adaptó la relación de los hechos del historiador José María Quijano Wallis.

    Cordialmente,

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