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JORGE MUÑOZ FERNANDEZ

El jueves 29 enero, 2009 a las 6:56 pm
Carta a Esperanza

Apreciada Esperanza, espérame, habitualmente mi paso es rápido pero esta vez te pido que vayas conmigo, pues no soporto que camines más allá de tus propios deseos. Vamos juntos.

Al comenzar el año confieso que no te veo bien, y no se trata de empezar a hacerte recriminaciones. Descubro que te veo maltrecha, se nota el deterioro de tu cuerpo, también el mármol se arruga, aunque lo fundamental, lo ineluctable de ti, es que conservas intacto el optimismo, que es lo que al fin y al cabo te permite vivir altiva y admirada por todas y por todos. De tanto andar pisando territorios incendiados tienes los pies hinchados, y pareciera que a veces caminaras por campos y laberintos urbanos sin que encuentres salidas.

Cae otra piel, cae otro año, cae otro calendario, cae otro ciclo, pero ahí sigues, siempre la misma, aún en tiempos en que el futuro del mundo pudiera ser humillado por el desamparo. Te mantienes firme, Esperanza, por eso haces parte de mi piel, de mis sueños, de mis equivocaciones y mis retos. Sumergida en las mareas del espíritu, en las tempestades del orbe, en los terrenos movedizos del abatimiento, siempre sales airosa, siempre la misma, igual que cuando caminas sobre arena hirviendo o te abres paso por senderos despejados. Lo mismo te da caminar con zapatos de piedra.

A tu lado viajan los hombres y mujeres que sufren y creen en ti, no importa que tengan el corazón a la izquierda o la derecha, te resistes, sí, a vivir en libertad, a querer en libertad, a soñar en libertad, sin que nada ni nadie te aprisione.

De alguna manera eres anarquista, nada con el presente, todo contra la dictadura del pasado. No te vas bien con los que hacen el papel de Sísifo, ni transitas por los caminos de los bestiarios del remordimiento. Por eso, Esperanza, eres fuerza vital que obliga a soñar y convivir contigo.

Cuando los peones caen, cuando los caballos se desploman, cuando las torres se derrumban, cuando los alfiles no señalan caminos y cuando los reyes huyen, eres la única que canta. No sabes ni has intentado nunca enrocar el odio y el amor.

Los de abajo creen en ti. Cuando desenvainas la espada de la justicia social y sales al encuentro del alba, te siguen hasta el triunfo porque eres profeta del amanecer. Fresca está la historia del mundo.

Un año más para que enciendas los deseos aplazados de las gentes, para que los desahuciados de la tierra no sean aniquilados como seres anónimos, o caigan diezmados por los misiles del hambre. Mantén siempre alta la confianza.

Esperanza, no nos abandones el año que comienza, sé irreductible, terca, testaruda, mejor si eres desde ya cabeza dura, tú que nunca has comido el polvo de las derrotas, enséñanos a los colombianos y colombianas cómo se hace una ajuste de cuentas sin muertos, en paz, sin la miseria moral de los ajusticiamientos y el repugnante sobresalto del secuestro, pero, sobre todo, sin hambre, para que las armas regresen a los cuarteles, abandonen la quimera de los campamentos y permitan la fiesta asombrosa de la azada.

Comprométete, Esperanza, a caminar con la vida, para que el amor no sea un tren con regreso, para que al final del Año que comienza no haya que incinerar, ni degollar los íconos y los fetiches que simbolizan la soberbia y el delirio de los enemigos irracionales de la paz y la fraternidad entre todos los seres humanos.

Ah, no te olvides que este año debes continuar acompañando a las víctimas y a quienes sin tregua levantan los huesos de la tierra para que las flores no nazcan negras en los territorios de la Nación.

Posdata: Entrégale este año a las colombianas y colombianos las coordenadas exactas de la justicia social y verás que sí es posible pensar en reinventar un país donde la misión del poder no sea la de salvar a unos y desproteger a otros.

jorgemuñoz@canada.com

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