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Jorge Mosquera, de sindicalista a presidente de Tribunal Superior

El miércoles 11 febrero, 2009 a las 12:03 pm
Por Daniel Mera Villamizar

Es el presidente del Tribunal Superior de Cali, un cargo que ejercerá durante 2009. Es el primer negro que fue postulado a la Corte Constitucional, en una terna de la Corte Suprema de Justicia, a finales de 2008.

Es el mismo estudiante que brilló como orador y declamador en el colegio Lozano Scipión, de Condoto, hasta su graduación en 1970. En el camino, la facilidad de palabra le sirvió para ser dirigente sindical casi dos décadas.

Es Jorge Eliécer Mosquera Trejos, el primero de tres hijos de dos educadores, Manuel Espíritu Mosquera y Emperatriz Trejos.

El magistrado aspira a las altas cortes

Un concurso le permitió, en 1996, el salto a magistrado del Tribunal Superior de Quibdó. «Juré que al cumplir 10 años en la rama judicial, postularía mi nombre a las altas cortes, y así fue».

En 2007, integró la lista corta de juristas para reemplazar a la reconocida Consejera de Estado Ana Margarita Olaya, y aspiró a recibir la silla de Isaac Nader en la Corte Suprema de Justicia.

74 abogados respondieron a la convocatoria pública de la Corte Suprema para integrar sus dos ternas a la Corte Constitucional. Tras sendas entrevistas con los 23 magistrados y votación en sala plena, la decisión le correspondía al Senado.

Daniel Mera: ¿Por qué la tercera no fue la vencida?

Jorge Mosquera: Porque la Casa de Nariño, el Presidente Uribe, hizo saber, con todo su poder, que prefería al doctor Jorge Iván Palacio. Si en la otra terna hubiera ganado Javier Tamayo, antioqueño conservador, en la mía posiblemente el Senado no habría elegido a otro antioqueño conservador.

DM: Además, el vencedor en la otra terna de la Corte Suprema, Luis Ernesto Vargas, tiene una orientación social marcada como la suya. Le repito sus palabras en la audiencia pública en el Senado:

«Debe ser plena la competencia de la Corte Constitucional en el diseño y la evaluación de políticas públicas, pues la protección de los derechos fundamentales no puede tener límites de presupuesto u otros».

JM: Así es. El Presidente no iba a permitir la dupleta Vargas-Mosquera, sobre todo pensando en la reelección.

Al final, obtuvo dos votos: de los senadores Mauricio Jaramillo, del Tolima, y Rufino Córdoba, del Chocó. Piedad Córdoba no pudo votar porque estaba en el exterior. Juan Carlos Martínez no cumplió. Los demás no mantuvieron el apoyo ante el guiño de Uribe.

La bancada afrocolombiana mostró que no tiene peso en este tipo de elecciones, como cuando la magistrada Norma Moreno estuvo ternada, en 2008, para el Consejo Superior de la Judicatura.

Sin embargo, el 2009 le tenía reservado el reto de ser el presidente del Tribunal Superior de Cali, en medio de una crisis locativa y de servicio de la justicia en la ciudad, agravada por el atentado terrorista al Palacio de Justicia, el 31 de agosto de 2008.

«Las soluciones a esta crisis están en cabeza de la dirección ejecutiva de la Judicatura, y el Tribunal debe co-liderar el plan de acción conjunto, especialmente en descongestión y canalizando los esfuerzos y las inquietudes de los cerca de 200 jueces en familia, penal, laboral y civil».

«Tengo, adicionalmente, una meta más exigente: luchar contra la estigmatización de los jueces y magistrados por la influencia del narcotráfico desde los 80s, enfrentando la realidad y la percepción», dice.

Recuerdo, entonces, que en 2001 tuvo que salir del Chocó porque sus fallos se apegaban a una estricta «defensa del erario público».

Coincide José Roberto Herrera, presidente de la Corte Suprema de Justicia en 1996: «El magistrado Mosquera tiene un alto sentido de la justicia, gran sentido social, y es un juez recto y estudioso», ha dicho para este reportaje.

Puede henchir doblemente el pecho el elogiado: José Roberto es hijo de Blas Herrera Anzoátegui (1910-1971), mulato cartagenero, ministro de Trabajo en 1946.

El sindicalista

Jorge Mosquera comenzó su carrera sindical en 1976, el año en que el M-19 asesinó, el 19 de abril, al principal líder sindical negro que ha tenido Colombia, José Raquel Mercado, presidente de la Confederación de Trabajadores de Colombia, CTC, tras un «juicio popular», en un hecho que todavía conmociona.

Comenzó en el Ministerio de Obras Públicas y Transporte. En el Senado exageró un poco: «Fui ayudante de albañilería y ascensorista, a mucho honor». En realidad, dos meses en albañilería por el orgullo de no recibir ayuda paterna.

Buscó al Ministro de Obras, Angelino Durán, y le habló de su visita a Condoto, del discurso con que lo había recibido en el colegio y de trabajo. «¿Celador o ascensorista?».

Duró seis meses de ascensorista y lo trasladaron a Archivo. Allí, el día que pidieron un delegado para la asamblea del sindicato, los demás señalaron a Jorge Mosquera. Eso le cambiaría la vida.

Llegaría a ser secretario general de la Unión de Trabajadores de Cundinamarca, Utracun, seis años, con 180 sindicatos afiliados (hoy tiene 76), y del comité ejecutivo de la Confederación General del Trabajo, CGT. De tendencia socialcristiana.

Abogado de La Gran Colombia, asesoró alrededor de 300 negociaciones colectivas en empresas estatales y privadas, y fue árbitro en 20 tribunales de arbitramento.

DM: ¿Qué ha cambiado en la legislación laboral?

JM: He visto derrumbarse todo el andamiaje proteccionista que tuvo el derecho laboral en beneficio de los trabajadores colombianos. Lo creado desde 1905, cuando se dispuso el descanso en dominicales, hasta 1990, se acabó con las leyes 50 de 1990 y 789 de 2002.

DM: Veamos…

JM: Con la promesa de crear empleo, se eliminaron la retroactividad de las cesantías, la opción de reintegro para trabajadores con antigüedad superior a 10 años y la pensión sanción; se redujo drásticamente la indemnización por despido sin justa causa; se amplió la jornada de trabajo diurna hasta las 10 pm; y se disminuyó la remuneración de dominicales y festivos, pero empleo no hay, y el que se ofrece es precario y carente de estabilidad.

DM: ¿No le parece justo que evoquemos al querido ex ministro Adán Arriaga Andrade, «hombre de color» en Bogotá y «blanco» para los más duros partidarios de Diego Luis Córdoba en el Chocó?

JM: Sí. Al doctor Adán Arriaga Andrade se le tiene como el padre del derecho laboral colombiano, al lado del doctor Blas Herrera. Fue un hombre trascendental, que cometió un error grave: no dejar su obra escrita.

Pero basta leer sus discursos ante el Senado en la presentación de los proyectos que dieron lugar a la expedición de leyes como la 6 de 1945, la 90 de 1946 y el Código Procesal Laboral de 1948, para darnos cuenta de su dimensión intelectual.

DM: Aparte de Norma Moreno, ¿qué otros magistrados de tribunal tenemos?

JM: Le menciono varios. Matilde Lemos Sanmartín, en Arauca; Lucy Bejarano, en Sucre; Luz Edith Díaz y Gerson Chaverra, en Quibdó; Patricia Balanta y J.J. Valencia en Buga. Póngale la firma que Gerson Chaverra llegará a una alta Corte.

Tras 16 años en la cátedra universitaria (es plenario de su alma mater) y 60 de edad, a los jóvenes abogados que quieran ser magistrados les aconseja «que estudien, que arriesguen y que sepan esperar». Ha brindado oportunidades a otros negros o afros.

«Esa experiencia me produce tranquilidad espiritual. He puesto mi grano de arena en un proceso solidario del que carecemos los negros en este país».

En su casa, con su esposa Inés Paloqueme Lemos y sus hijas Natalia y Lina (en las fotos), se oye más son que salsa. En Condoto, se crió en una calle en medio de dos bailaderos: Mareito de Uribe y mi Tumbao de Jose I.

Me pregunto si otros condoteños ilustres habrán estado en esos bailaderos: el cuentista Carlos A. Truque; el poeta Hugo Salazar Váldes; el ex gobernador y ex magistrado Miguel Lozano; el abogado Jaime Sarria Misas; la ex viceministra Nazly Lozano Aljure; el general de la Policía (r) Laureano Sánchez; el congresista Isaac Sánchez Palau; el ex rector de la UTCH Jesús Lozano Asprilla.

Y también cuántos niños reciben hoy, como Jorge Mosquera a los 14 años, la enseñanza de «buscar una vida digna estudiando y haciendo sacrificios».

«A esa edad ya leía a Tolstoi, Dostoievski, los 20 tomos de la enciclopedia Tesoro de la Juventud y los cuentos clásicos infantiles, en la casa de mi madrina, la maestra María Silvia Andrade de Lozano»

Le he insistido en cómo pasó de la fogosidad sindical a la ecuanimidad de magistrado, y me suelta una frase como para rematar: «No ejerzo justicia para los poderosos, pero el débil tiene que ganarse su derecho».

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