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EL JARDÍN DE LA INOCENCIA

El miércoles 8 junio, 2016 a las 2:02 pm
Bulevar de los días

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Loco-mbiano.

Los bogotanos se desnudaron para el lente de Spencer Tunick

http://www.eltiempo.com/multimedia/fotos/cultyentre12/los-bogotanos-se-desnudaron-para-el-lente-de-spencer-tunick/16612293

Spencer Tunick se salió con lo suyo. Su locura por la fotografía y lo que se ve detrás y de frente en ella. No se trata de un reportero gráfico común y silvestre, de esos que andan detrás de personajes de la política o entre los escombros del Bronx bogotano. No. Su visión se ha corrido tras una idea surrealista y salida de casillas normales.

La primera foto que conocemos es la de Adán y Eva en el Jardín de las delicias. Seguro que Tunick la tomó. Allí vivían los dos aforTunidos conforme lo convenido en el contrato de arrendamiento con el dueño de la plaza.

Salían de casa a pasear por las veredas para avistar aves, contemplar la salida del sol en la madrugada, conversar con los animales del bosque vecino o a descansar bajo de la espesura de los cabellos de los árboles. Recogían guayabas, pomarrosas o naranjas ombligonas de la variedad de árboles que crecían en la vasta heredad. Se sentaban junto al Río de la Inocencia que nacía en la cima, como a una hora de su choza de bambú. Allí revoloteaban garzas blancas, ánades pacientes, ibis rojas y flamencos en armonía y se zambullían para buscar su presa.

Nada los preocupaba. Andaban tan frescos como lo estaban cuando aparecieron en el mundo. Sus orejas, sus labios, sus pómulos, cuello, pecho, sus brazos, estómago, y todo lo de abajo, estaban tan vírgenes como cualquier flor del campo.  No tenían espejos ni había paparazzis. Ni siquiera habían visto su imagen proyectada en las aguas de la Inocencia. Más tarde lo haría su nieto Narciso que se ahogó en un lago al intentar besar su imagen. La foto, esta primera vez, la tenemos merced a la mano de Caravaggio.

Después de esta foto hay otras, por supuesto. El arte del desnudo es muy prolífico. Giotto, El Bosco, Miguel Ángel y de ahí en adelante se ingeniaron personajes, motivos y escenarios con diferente estilo en devolverle la inocencia al ser humano perdida a través de una cultura sesgada.

¿Por cuántos siglos anduvo el hombre como lo trajo la primera mujer al mundo? ¿En la era del hielo o en la edad de piedra cuando vivía entre rocas y cuevas luchando para sobrevivir en medio de pterodáctilos, mamuts y brontosaurios? ¿Fue el frío o hallar calor entre pieles de ciervos y búfalos salvajes lo que lo indujo a cubrir su cuerpo con lo que hoy llamamos ropa? ¿Fueron los sumerios, egipcios o civilizaciones anteriores a las épocas de faraones quienes inventaron los aceites, los perfumes, los tocados en la cabellera, los tejidos, las mascarillas, los disfraces y los encantos de la moda?

Ya del cuerpo humano queda muy poco para admirar. Ya no hay pechos, narices, pómulos, estómagos, glúteos, naturales y originales. La mayoría de las llamadas divas tienen su cuerpo transformado. La inocencia inicial se ha perdido. Lo que se muestra es artificial y creado a conveniencia de esteticistas y escuelas de modelaje. Y lo demás se oculta porque es innoble e innombrable y debe estar invisible y escondido: causa vergüenza.

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