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Viernes, 1 de julio de 2022. Última actualización: Hoy

Inminente erupción del Puracé

El lunes 23 mayo, 2022 a las 2:53 pm
Inminente erupción del Puracé

Inminente erupción del Puracé.

Por: Álvaro Jesús Urbano Rojas.

El Puracé, es de los volcanes más activos de Colombia, está a 4.650 msnm, en la Cordillera Central rodeado de 12 cráteres, que conforman la Cadena Volcánica de los Coconucos, su actividad se ha reportado desde 1801 y documentado desde 1827 15 erupciones con daños materiales y pérdida de vidas. Está a 26 kilómetros de Popayán, a 10 kilómetros de Puracé y al 11 de Coconuco. La última ocurrió en el mes de marzo de 1977. La población circundante al volcán en un entorno de 35 kilómetros, alcanza a los 450 mil habitantes.

El Servicio Geológico Colombiano advierte una mayor recurrencia de eventos asociados a fractura de roca, así como deformación del suelo y alteración en su geoquímica, motivo por el cual se declaró en el Cauca y Huila la alerta amarilla. La recomendación es no visitar la parte alta cercana al cráter. Los equipos instalados en la zona hacen un monitoreo constante y previenen de una posible erupción.

Coincide este jueves 26 de mayo, con los 73 años de la erupción que cobró la vida de 16 estudiantes del Liceo Nacional Alejandro de Humboldt, quienes emprendieron el reto, motivados por otros estudiantes del colegio Champagnat, que dos semanas antes lo visitaron. Hicieron caso omiso a la prohibición de los rectores del Liceo, Carlos Hernández Pérez, y de la Universidad del Cauca, Luis Carlos Zambrano, para emprender su tragedia épica sin el permiso institucional.

El jueves 26 de mayo de 1949, los ansiosos escaladores, organizaron la excursión en la casa de Carlos Pérez por convocatoria de Tulio Mosquera Canencio. Sordos ante las advertencias de los indígenas de la zona que se negaron a guiarlos sin obedecer ni temer a los bufidos del cráter.  Ante el desenfreno del arrojo juvenil, con valor y tenacidad, marcharon de cara al cráter a desafiar la montaña de fuego, guiados por el intrépido Alejandro Caldas., quien era el único que conocía la ruta. Los escaladores apostaron de a dos pesos, en favor del primero que coronara el cono volcánico, sombrío, hosco y perturbador.

De cara al cráter emprendieron su trasegar en el campamento de la mina de azufre “El Vinagre” de la extinguida empresa Industrias Puracé; cegados de emoción, ignoraron el graznido luctuoso de un cuervo que sobrevolaba el entorno maloliente de gases azufrados. Se negaban a ver los frailejones pubescentes calcinados por lava que fluía de los pozos termales, bajo el flamear piroclástico de las fumarolas adyacentes.

Sin mirar al precipicio, asumieron el ascenso con sus pechos henchidos de emoción, animados por risotadas y chacotas frecuentes, con sus ojos fijos al cráter, dispuestos a irrumpir la furia del coloso. Escalaron las pendientes agrestes recibiendo cuchilladas del viento gélido con su fuerza cortante. Las pisadas en los arenales se hacían difícil y más el respirar, por el hedor a gas sulfúrico, las piedras sueltas se deslizaban hacia el abismo.

Sus fauces humeantes de más de ochocientos metros de diámetro, no dejaban de mugir para disuadir la intrepidez de los muchachos. Más con su pertinaz testarudez, dominaron la altura, sin dejarse acobardar por los estrepitosos tremores del volcán. Ese día, su arrojo altanero, profanó la montaña de fuego, poseídos por el vértigo, empezaron a gritarle improperios desafiantes. Uno de los muchachos muy cerca de las estribaciones del cráter, gritó: “explotá hijueputa si sos berraco”. De repente el coloso los fulminó con una lluvia de piedras y lava, desgajándolos por los abismos como ángeles encendidos, esparciendo en la cima tiras de piel, cadáveres de cosas, hilachas de ropa y rezagos de avío entre las rocas humeantes, cuyas cenizas se esparcieron sobre las techumbres añosas de Popayán cubriendo como manto luctuoso, los túnicos blancos de las niñas de primera comunión el domingo del sepelio. El primero en emprender el rescate fue don Benjamín Arboleda, quien logró bajar ilesos a los dos sobrevivientes: Napoleón Montealegre y Alberto Ávila.

Los socorristas ante el destrozo de los cuerpos, simularon los restos con pedazos de arbustos incinerados; entre los despojos se encontró un reloj de pulso cuyas manecillas se aquietaron a las 9:15 am, al dejar perpetuada en el tiempo la hora trágica.

El desfile de cadáveres fue conmovedor, aún se recuerda la caravana bajar del Puracé con sirenas ululantes lanzando sus lamentos para compungir el corazón enlutado de las familias de los inmolados escaladores. Sólo sobrevivieron Alberto Ávila Ordóñez, quien murió hace pocos años y Salomón Montealegre prestigioso médico que expiró antes de la pandemia. Hoy más de ocho poblaciones vecinas permanecen alertas ante la inminente erupción.

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Un comentario en "Los equívocos de la procuradora"

  1. Yeraldine Bonilla dice:

    Cualquiera que sea tu necesidad, confía en que el padre celestial te ayudara e iluminara a través de su palabra, los bálsamos que te darán la virtud suficiente para darle vigor a tu espíritu.
    9-4 Yeraldine Bonilla

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