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¡Increíble!

El sábado 23 marzo, 2013 a las 6:34 pm

Gloria Cepeda Vargas

Gloria Cepeda Vargas

Es insólita la siguiente información transmitida el viernes 22 de marzo por la agencia AFP: “Venezuela fue el único país que se opuso a la condena en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU al gobierno de Siria, en una resolución adoptada por 41 votos a favor, 1 en contra y 5 abstenciones”.

Esta condena emitida en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, no provenía de los Estados Unidos o de cualquier otro país capitalista. Todo lo contrario, lo que estaba sometido a votación como lo afirma la agencia AFP, era nada menos que “las conclusiones de la Comisión Investigadora de Naciones Unidas sobre ese país, presidida por el brasileño Paulo Pinheiro”. Es decir, provenía de un aliado de Venezuela con cuantiosas inversiones en su territorio, uno de los mercados más apetecibles para los inversionistas brasileños.

Pinheiro no es un recién llegado a estos intríngulis. Nacido en Río de Janeiro en 1944, lleva muchos años hablando con las víctimas del conflicto sirio, analizando y concluyendo. Reconoce los abusos cometidos en uno y otro bando, afirma que se trata de “una guerra civil pero también de una guerra de propaganda” y que la de Siria es “la crisis diplomática más compleja después de la antigua Yugoslavia”. Se trata de una voz autorizada e imparcial con años de experiencia en asuntos internacionales, la que después de trazar y medir una situación tan delicada como la que nos ocupa, finaliza haciendo hincapié “en la destrucción del espacio de la sociedad civil, en ese mercado que se beneficia de la violencia; la inexistencia del Estado de Derecho en una situación de guerra civil y la intensificación de la militarización del conflicto sin que sea acompañado de negociaciones diplomáticas”.

Sorprende que Venezuela, un país donde las palabras estado de derecho, libertad, soberanía, respeto a los derechos del pueblo en una democracia protagónica y participativa, son servidas a diario, actúe como solitario defensor de un Estado genocida. Los argumentos con que justifica su actitud, no pueden lucir más amorales y antiéticos: Venezuela se opone a condenar a Siria por “la continuada y sostenida campaña mediática internacional destinada a satanizar los esfuerzos emprendidos por el gobierno sirio, apelando a la manipulación de la información sobre lo que acontece en el país, muchas veces obtenida de fuentes poco fiables”. Sobran los comentarios.

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