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IN MEMORIAN (I)

El jueves 22 agosto, 2019 a las 3:25 pm
IN MEMORIAN (I)

La misión del poeta es inventar nuevos poemas de lo eterno humano. Su poesía viene a nosotros sencillamente como un poco de niebla cuando despunta el sol sobre los montes.
Francisco Quevedo.

El mundo conoce más del amor de Matilde Espinosa, que los habitantes de Tierradentro. Terruño, que la vio trasegar sus primeros pasos y que anhela conocerla. Mujer que ha traducido al lenguaje poético su soledad y las injusticias que no sólo fueron suyas, sino de que hoy son de tantas y tantos seres humanos. 

A lo largo y ancho de la historia, las mujeres han escrito su historia, algunas han defendido sus derechos, rompiendo el ímpetu varonil que las sometía y esclavizaba, y este fue el caso de Matilde Espinosa. Es el dolor de su vivencia y la realidad de un país que se ha debatido en medio de la guerra desde el inicio de su historia.

Al tratar de recorrer a Tierradentro de norte a sur y de oriente a occidente podemos ver y sentir que presenta climas cálido, templado, frío y páramo; además posee un ecosistema diverso conformado por laderas, cerros, cañones, serranías, pedregales, llanuras selváticas, ríos, quebradas y lagunas.  Pero hoy, en muchas de las paredes de sus iglesias y espacios artísticos y literarios; en los tableros de las escuelas, colegios y universidades no se halla impreso con sabiduría y altruismo el nombre de Matilde Espinosa, a pesar que su imagen y obra poética se contonea altiva y serena en las grandes bibliotecas y teatros del mundo.

Hoy, por medio de estas letras, invito para que borren las huellas dejadas por el absurdo conflicto; por los inútiles sectarismos, por las necias ideologías que se rompan las cadenas que aún atan a muchos individuos a sectarismos y fanatismos; que permitan que el perdón llegue hasta los corazones, los altares y los mausoleos y permitir que la vida en este departamento sea perdurable y sus campos vuelvan a ser lugares donde la magia y la fantasía broten como las flores de un jardín en primavera. De lograrlo, Tierradentro puede empezar a llenar libros, galerías, museos con su asombrosa esencia e inmortal historia.  

Aún no sé, si la intención que ha dado origen a escribir un libro sobre Matilde Espinosa pueda quitar el sueño a muchos que aún desconocen el poder trasformador de la poesía y se animen a leerla; y es más quiero aún pensar que sus versos conquisten el asentimiento general de los nuevos lectores. 

Desde que ella empezó a escribir poemas quizás se preguntó si de veras valía la pena hacerlo. Pero hoy, cuando su imagen solo nos acompaña desde el cielo solo nos queda por buscar la respuesta a las preguntas ¿no sería mejor transformar la vida en poesía, que hacer poesía con la vida?; y la poesía ¿no puede tener como objeto propio, más que la creación de poemas, la de instantes poéticos? ¿Será posible hoy con la proliferación de la tecnología una comunión universal en la poesía? Pero, los grandes versos son aquellos que logran responder a las preguntas que, oscuramente y sin formularlas del todo, nos hace más mortales. 

La creación poética de Matilde se inicia como violencia sobre el lenguaje de la vida que le tocó vivir. El primer acto de esta operación consistió en el desarraigo de las palabras y la austeridad del medio que la hizo ver en la poesía su único escape. Ella como toda una diosa precolombina arranca el dolor de sus conexiones y menesteres habituales y no los separa del mundo sino que en cada letra, en cada palabra, en cada verso, en cada estrofa y en cada poema devela nuestra realidad, nos habla con dulzura del dolor y con furia del amor; aquellos vocablos se vuelven únicos en su pluma como si acabasen de nacer del fuego y del hielo, de la manigua y del arroyuelo, del silencio y de la soledad, de la carestía y de la discriminación.

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